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NOTA DE VREDONDOF :

ESTE ARTICULO A MI ME PARECIO MUY INTERESANTE , PERO ME HA COSTADO MUCHO "LLEGAR A LOS CONCEPTOS" , NO SE SI POR QUE A MIS 63 AÑOS YA PATINA UN POCO MI CABEZA , O BIEN PORQUE EL AUTOR TIENE UN NIVEL ... O QUE ESCRIBE PARA UN NIVEL DE PERSONAS CON UN INTELECTO MUY ELEVADO.

En cualquier caso merece la pena leerlo (con MUCHA ATENCION para enterarse ....)
La conclusion que saque en la 3ª leida que le di , fue que se puede DECIR LO MISMO con el 10 de palabras y utilizando un "estilo mas pegado a la tierra".

LOS ESPAÑOLES NO SON IDEALISTAS. EN LA MEDIOCRIDAD SE ENCUENTRAN A GUSTO

El perfeccionamiento humano se efectúa con ritmo diverso en las sociedades y en los individuos. Los más poseen una experiencia sumisa al pasado: rutinas, prejuicios, domesticidades. Pocos elegidos varían, avanzando sobre el porvenir; al revés de Anteo, que tocando el suelo cobraba alientos nuevos, los toman clavando sus pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible. Esos hombres, predispuestos a emanciparse de su rebaño, buscando alguna perfección más allá de lo actual, son los "idealistas". La unidad del género no depende del contenido intrínseco de sus ideales sino de su temperamento: se es idealista persiguiendo las quimeras más contradictorias, siempre que ellas impliquen un sincero afán de enaltecimiento. Cualquiera. Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la mediocridad: soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos, generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmáticos. Son alguien o algo contra los que no son nadie ni nada. Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor. Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del "hombre práctico", limitado a las contingencias del presente, importa un renunciar a toda imperfección. El hábito organiza la rutina y nada crea hacia el porvenir; sólo de los imaginativos espera la ciencia sus hipótesis, el arte su vuelo, la moral sus ejemplos, la historia sus páginas luminosas.
Son la parte viva y dinámica de la humanidad; los prácticos no han hecho más que aprovecharse de su esfuerzo, vegetando en la sombra. Todo porvenir ha sido una creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita sucesión de ideales. Más ha hecho la imaginación construyendo sin tregua, que el cálculo destruyendo sin descanso. La excesiva prudencia de los mediocres ha paralizado siempre las iniciativas más fecundas. Y no quiere esto decir que la imaginación excluya la experiencia: ésta es útil, pero sin aquélla es estéril. Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la inspiración y la sabiduría; por eso, con frecuencia, viven trabados por su espíritu crítico cuando los caldea una emoción lírica y ésta les nubla la vista cuando observan la realidad. Del equilibrio entre la inspiración y la sabiduría nace el genio. En las grandes horas de una raza o de un hombre, la inspiración es indispensable para crear; esa chispa se enciende en la imaginación y la experiencia la convierte en hoguera. Todo idealismo es, por eso, un afán de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos más audaces a la ignorancia, madrastra de obstinadas rutinas.
La humanidad no llega hasta donde quieren los idealistas en cada perfección particular; pero siempre llega más allá de donde habría ido sin su esfuerzo. Un objetivo que huye ante ellos se convierte en estímulo para perseguir nuevas quimeras. Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan. La humanidad no poseería sus bienes presentes si algunos idealistas no los hubieran conquistado viviendo con la obsesiva aspiración de otros mejores.
En la evolución humana, los ideales se mantienen en equilibrio inestable. Todo mejoramiento real es precedido por conatos y tanteos de pensadores audaces, puestos en tensión hacia él, rebeldes al pasado, aunque sin la intensidad necesaria para violentarlo; esa lucha es un reflujo perpetuo entre lo más concebido y lo menos realizado. Por eso los idealistas son forzosamente inquietos, como todo lo que vive, como la vida misma; contra la tendencia apacible de los rutinarios, cuya estabilidad parece inercia de muerte. Esa inquietud se exacerba en los grandes hombres, en los genios mismos si el medio es hostil a sus quimeras, como es frecuente sobre todo en España. No agita a los hombres sin ideales, informe argamasa de humanidad.
Toda juventud es inquieta. El impulso hacia lo mejor sólo puede esperarse de ella: jamás de los enmohecidos y de los seniles. Y sólo es juventud la sana e iluminada, la que mira al frente y no a la espalda; nunca los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado: lo que en ellos parece primavera es tibieza otoñal, ilusión de aurora que es ya un apagamiento de crepúsculo.
Sólo hay juventud en los que trabajan con entusiasmo para el porvenir; por eso en los caracteres excelentes puede persistir sobre el apeñuscarse de los años. Nada cabe esperar de los hombres que entran a la vida sin afiebrarse por algún ideal; a los que nunca fueron jóvenes, paréceles descarriado todo ensueño. Y no se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no se adquiere.
Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos sociales que los oprimen. Resisten la tiranía del engranaje político nivelador, aborrecen toda coacción del sistema, sienten el peso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados, dóciles maleables, solidarios, uniformes en la común mediocridad.
Las fuerzas conservadoras que componen el subsuelo social pretenden amalgamar a los individuos, decapitándolos; detestan las diferencias, aborrecen las excepciones, anatematizan al que se aparta en busca de su propia personalidad. El original, el imaginativo, el creador no teme sus odios: los desafía, aun sabiéndolos terribles porque son irresponsables y asesinos como ultima solución. Por eso todo idealista es una viviente afirmación del individualismo, aunque persiga una quimera social; puede vivir para los demás, nunca de los demás. Su independencia es una reacción hostil a todos los dogmáticos. Concibiéndose incesantemente perfectibles, los temperamentos idealistas quieren decir en todos los momentos de su vida, como Don Quijote: "yo sé quién soy". Viven animados de ese afán afirmativo. En sus ideales cifran su ventura suprema y su perpetua desdicha. En ellos caldean la pasión, que anima su fe; esta, al estrellarse contra la realidad social, puede parecer desprecio, aislamiento, misantropía: la clásica "torre de marfil" reprochada a cuantos se erizan al contacto de los obtusos. Diríase que de ellos dejó escrita una eterna imagen Teresa de Ávila: "Gusanos de seda somos, gusanillos que hilamos la seda de nuestras vidas y en el capullito de la seda nos encerramos para que el gusano muera y del capullo salga volando la mariposa". Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal; el pensamiento sin calor es muerte, frío, carece de estilo, no tiene firma.
Jamás fueron tibios los genios y los héroes. Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio; como para dar una lección de dignidad hay que desgoznar algún servilismo. Todo ideal es, instintivamente, extremo; debe serlo a sabiendas, si es menester, pues pronto se rebaja al refractarse en la mediocridad de los más. Frente a los hipócritas que usurpan poderes civiles y mienten con viles objetivos, la exageración de los idealistas es, apenas, una verdad apasionada. La pasión es su atributo necesario, aun cuando parezca desviar de la verdad; lleva a la hipérbole, al error mismo; a la mentira nunca. Ningún ideal es falso para quien lo profesa: lo cree verdadero y coopera a su advenimiento, con fe, con desinterés. El sabio busca la Verdad por buscarla y goza arrancando a la naturaleza secretos para él inútiles o peligrosos. Y el artista busca también la suya, porque la Belleza es una verdad animada por la imaginación, más que por la experiencia. Y el moralista la persigue en el Bien, que es una recta lealtad de la conducta para consigo mismo y para con los demás. Tener un ideal es servir a su propia Verdad Siempre. Algunos ideales se revelan como pasión combativa y otros como pertinaz obsesión; de igual manera distínguense dos tipos de idealistas, según predomine en ellos el corazón o el cerebro. El idealismo sentimental es romántico: la imaginación no es inhibida por la crítica y los ideales viven de sentimiento. En el idealismo experimental los ritmos afectivos son encarrilados por la experiencia y la crítica coordina la imaginación: los ideales tórnanse reflexivos y serenos. Corresponde el uno a la juventud y el otro a la madurez. El primero es adolescente, crece, puja y lucha; el segundo es adulto, se fija, resiste, vence.
El idealista perfecto sería romántico a los veinte años y estoico a los cincuenta; es tan anormal el estoicismo en la juventud como el romanticismo en la edad madura. Lo que al principio enciende su pasión, debe cristalizarse después en suprema dignidad: ésa es la lógica de su temperamento. Sin embargo lo que si hay es mucha mediocridad. La mediocridad puede definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: "Juntad mil genios en un Concilio y tendréis el alma de un mediocre". Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas.El régimén actual, la monarquía cainista, ha conseguido una vez más, a través de sus ladrones politicos, que los españoles sean mediocres y que todo destello de genialidad sea enterrado en el desprecio. El régimen es miedoso,cobarde y hurtador, teme por su continuidad, pues sabe que se ha llevado mucho y no ha ofrecido nada. Qué se puede esperar de un monarca que dice:"El recuerdo de Franco constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad ...". Seguid votando, idealistas.
J.I.
"El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo
porque todo el mundo cree poseerlo en cantidad suficiente." René Descartes.

LIBERTAD

-La filosofia de la libertad esta basada en la propiedad de uno mismo, esta simple pero elegante y contundente animacion la explicara exactamente. Esta es una gran herramienta que cualquiera puede usar para educar niños y adultos acerca del derecho a la vida, libertad y la capacidad de crear - y nuestra responsabilidad para pensar, hablar y actuar. La version en DVD de este video puede ser descargada gratis en: www.philosophyofliberty.blogspot.com CRÉDITOS AUTOR: Ken Schoolland schoolak001@hawaii.rr.com PRODUCTOR: Kerry Pearson (aka Lux Lucre) MÚSICA: Music2Hues www.music2hues.com WEBSITE: www.jonathangullible.com AYUDA: The Jonathan Gullible fund www.isil.org/tools/jonathan-gullible.html COPYRIGHT: www.creativecommons.org/licenses/by-nd-nc/1.0/ *

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Por qué no podemos dejar de estar equivocados




FOTO:VERSIÓN SOBRE UN RETRATO DEL PINTOR GIORGIONE
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Cambiar de opinión en función de los argumentos de los demás parece una tarea casi imposible. Varios estudios demuestran que intentar convencer con pruebas a colectivos como negacionistas climáticos o antivacunas refuerza su posición y sus creencias erróneas. Pero no son los únicos. Cuando nuestras convicciones están amenazadas, nuestro cerebro está dispuesto a hacer las más extrañas piruetas.
Si quieres convencer a alguien con argumentos no le digas que está equivocado. No hay manera más fácil de reforzarle en sus posiciones y de extender la discusión hasta el infinito. Y si la materia afecta a las convicciones profundas, el sujeto pasará por alto todas las evidencias, por más contundentes que sean. Este proceso mental es frecuente en ámbitos tan polémicos como la oposición a los transgénicos, el apoyo a la homeopatía o el negacionismo climático. Por más evidencias que muestre la comunidad científica, determinadas personas hacen oídos sordos y se convencen aún más de la validez de sus argumentos. Hasta el punto de que algunos son capaces de defender una idea y la contraria sin que se les fundan los "plomos".
El mecanismo se ha estudiado con detalle en personas propensas a las supersticiones o que defienden teorías de la conspiración. Llevado al extremo, el mismo individuo es capaz de defender que el hombre nunca estuvo en la Luna y que los rusos tienen una base secreta en nuestro satélite. En 2011, el investigador Michael J. Wood, de la Universidad de Kent, reunió a 137 voluntarios y descubrió que entre aquellos que sostenían que Diana de Gales había sido asesinada era más frecuente creer que la princesa había simulado su propia muerte. El estudio también mostraba que entre aquellos que creían que Osama Bin Laden llevaba mucho tiempo muerto era más habitual creer que el líder de Al Qaeda seguía vivo.
A mediados de los años 50 el psicólogo Leon Festinger bautizó este mecanismo de la mente para huir de sus contradicciones como "disonancia cognitiva". Él y otros compañeros se infiltraron en una secta liderada por un ama de casa de Chicago que anunciaba la llegada del apocalipsis.  El 21 de diciembre de 1954, Dorothy Martin (conocida como "Marian Keech" por los suyos) reunió a sus acólitos en el salón de su casa y se sentaron a esperar el momento fatal en que el mundo sería destruido y ellos serían rescatados por un platillo volante. Festinger, que estaba allí aquella noche, relató en un libro lo sucedido. Cuando el reloj marcó la medianoche se produjo un silencio expectante. A las 0,05 h, algunos miembros de la secta empezaron a removerse en sus asientos. A las 0,10  en la habitación reinaba un silencio incómodo y el cataclismo no llegaba. Pasadas las 4,00 a.m., y después de varios intentos infructuosos  de los asistentes por explicar la situación, Marian Keech empezó a llorar y sufrió uno de sus ataques de "escritura automática". El "ser superior" le comunicaba que aquel acto de fe de sus seguidores había salvado al mundo de su destrucción.
Por paradójico que parezca, aquella tremenda contradicción entre las creencias y los hechos no acabó con la disolución del grupo, sino que reforzó aún más sus creencias. Festinger realizó otros experimentos para demostrar cómo somos capaces de buscar una alternativa cuando los hechos se contradicen con aquello de lo que estamos profundamente convencidos. Y la cuestión es: ¿se puede hacer algo contra ello?
Estrategias contra las creencias erróneas
Algunos psicólogos están tratando de averiguar cómo se combaten estas creencias erróneas que en ocasiones, como en el caso de los antivacunas, se convierten en un problema de salud pública. La mayoría de experimentos muestran claramente que los prejuicios tienen las de ganar a la hora de aceptar nuevas ideas. Un trabajo de Kelly Garrett y Brian Weeks en 2013 demostraba con un grupo de personas que solo estaban dispuestas a aceptar nuevos argumentos políticos aquellas que no tenían una idea preconcebida sobre el tema. Los trabajos de Stephan Lewandowsky, psicólogo de la Universidad de Bristol, sobre las posiciones de la gente respecto al cambio climático muestran lo mismo. La posición en este tema está fuertemente vinculada a las tendencias políticas y las personas descartan todo aquello que no concuerda con lo que previamente pensaba.
“No solo estás cuestionando una creencia, sino una forma de vida”
"Se trata de un problema cognitivo", asegura Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto. "Buscamos información que siempre confirme nuestras hipótesis previas porque así es como construimos nuestro conocimiento. No puedes estar destruyendo todo el rato lo que ya sabías, tiene que haber algún tipo de defensa para mantener ese conocimiento ya establecido". Para Miguel Ángel Vadillo, psicólogo del University College de Londres, el problema de combatir estas creencias erróneas es que no son una idea aislada. "Cuando combates esto", explica a Next, "no solo estás cuestionando una creencia sino una forma de vida. Y en cierto sentido es lógico que una persona sea muy reticente a producir cambios tan grandes. Por ejemplo, para alguien que piensa que los transgénicos son malos, lo que piensa es mucho más que eso, ha ido construyendo mil ideas alrededor y enfrentarse a su creencia es, en el fondo, combatir toda una forma de vida".
En un estudio reciente, citado por The New Yorker, el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Dartmouth Brendan Nyhan realizó una serie de experimentos para comprobar si existe alguna estrategia para convencer a los padres de que el miedo a las vacunas es totalmente infundado. Para el experimento, Nyhan utilizó varias estrategias con un grupo de 2.000 padres seleccionados al azar a los que dividió en cuatro grupos: a unos les repartió panfletos que explicaban la falta de conexión entre las vacunas y enfermedades como el autismo, a otros les dieron información sobre los riesgos de las enfermedades que las vacunas previenen, a otros les mostraron fotos de niños que habían sufrido estas enfermedades y a un cuarto grupo se les relató el dramático caso de un niño muerto por sarampión. Lo desolador de las conclusiones es que ninguna de las estrategias funcionó, y en el caso de las dos últimas opciones muchos padres comenzaron a preguntarse por el efecto de las vacunas y a sospechar que de verdad estaban produciendo efectos secundarios.
Todas las estrategias para convencer a los padres contra los antivacunas salieron mal
"Si crees que existe una conspiración es lógico que no te fíes de los investigadores", asegura Vadillo. "Por otro lado, que estés combatiendo una creencia ya implica que le des cierta credibilidad. Y este estudio con los antivacunas es el ejemplo perfecto. Igual muchos de estos padres nunca habían pensando sobre el tema y al ver que hay discusión empiezan a pensar que existe un riesgo". ¿Qué hacer entonces? ¿Dar más información? Algunos estudios muestran que tener más datos - o más conocimientos técnicos - no te libra del sesgo cognitivo. El equipo de Dan Kahan, de la Universidad de Yale, realizó una prueba con un millar de estadounidenses a los que primero sometió a un test sobrehabilidades matemáticas. Cuando les sometió a un problema sobre la capacidad curativa de una crema que requería ciertos conocimientos numéricos, aquellos que tenían mayores habilidades lo resolvieron sin problemas. Ahora bien, cuando les sometieron a todos a un problema similar en el que estaba en juego el tema de la posesión de armas en EEUU, las habilidades matemáticas dejaron de ser un buen predictor para el resultado de la prueba ylos individuos se dejaban llevar por la ideología.
Incluso los individuos con más formación se dejan llevar por prejuicios ideológicos
No es la primera prueba de Kahan en este sentido y en todas obtiene el mismo resultado: el nivel de formación científica no te libra de los prejuicios y en algunos casos, como la negación del cambio climático, los sujetos utilizan estos conocimientos para seguir tratando de demostrar su tesis. "Esto tendrá sentido para cualquiera que haya leído el trabajo de un negacionista climático serio", escribe Ezra Klein en Vox. "Está lleno de datos y figuras, gráficos y cuadros, estudios y citas. La mayoría de los datos son erróneos e irrelevantes. Pero suenan convincentes. Es una fantástica actuación de indagación científica. Y estos expertos terminan mucho más convencidos de que el cambio climático es mentira que las personas que apenas han estudiado el caso".
La primera idea es la que gana
La estrategia para impedir que se extienda una creencia irracional y peligrosa pasaría, entonces, por evitar la confrontación directa y tratar de no despertar ese mecanismo de defensa cognitivo que produce el hecho de decirle a alguien que está en un error. Ante el movimiento cada vez en EEUU mayor a favor de consumir leche no pasteurizada (puede terminar siendo un serio problema) Brendan Nyhan propone en The New Yorker que sería más efectivo, en lugar de desatacar sus errores, que las autoridades se centraran en destacar las vidas que ha salvado el sistema. "Cuando alguien no ha oído hablar de un problema, a veces es más seguro intentar no combatir esas creencias para que no lleguen a más gente", añade Miguel Ángel Vadillo, "pero lo que sí está más que demostrado es que  la primera opinión que desarrollas sobre un tema siempre va a ser mucho más fuerte que las restantes". Si la primera vez que nos hablan sobre algo ya nos dan una opinión formada (por ejemplo, las vacunas provocan autismo) se produce lo que se denomina un "sesgo de primacía" que influirá luego en lo que pensemos, aunque creamos que somos objetivos. "Es algo que se aplica incluso en la justicia y en los casos de juicios", explica Vadillo. "No es lo mismo para un jurado escuchar la exposición de que una persona es inocente que empezar contando que es culpable". 
Primero opinamos y luego buscamos argumentos
Por otro lado, la tendencia general, sea o no uno un 'conspiranoico', es a opinar sin datos primero y luego buscar los argumentos que refuercen nuestra posición. "Toda la literatura sobre disonancia cognitiva va sobre eso", insiste Vadillo, "no es que tengas una idea por unas razones, sino que das razones para justificar una idea. A lo mejor nunca has pensando mucho sobre las vacunas y cuando empiezas a dar razones puede que no sea más una justificación de tu primera elección". Esto, explica Helena Matute, se denomina'efecto ancla'. "Cuanto más te pronuncias sobre un problema, más se ancla en tu mente y más difícil es que puedas cambiar de opinión o que puedas asimilar los datos contrarios a lo que estás opinando", asegura. En un trabajo realizado hace unos meses por Labpsico, el equipo que dirige Matute, y publicado en PLOS ONE, trataron de encontrarestrategias para infundir el pensamiento crítico en alumnos adolescentes. "En una de las pruebas", recuerda la psicóloga, "poníamos casos de pacientes ficticios y tratamientos alternativos",  revela.  "Pues biennos dimos cuenta de que si les íbamos pidiendo su opinión sobre cada caso anclaban un juicio muy pronto y luego les costaba mucho cambiarlo, mientras que si esperábamos se formaban un criterio con más claridad". Es lo que le pasa a algunos políticos cuando les pregunta un periodista nada más suceder un hecho, bromea Matute, que opinan demasiado pronto y condicionan todo lo que pensarán sobre ese asunto más adelante.
Los neurocientíficos Peter Johansson y Lars Hall descubrieron hace unos años un fenómeno bautizado como "ceguera a la elección" que muestra cómo funciona este mecanismo de elegir primero una opción y luego tratar de justificarla. Para su experimento hacían a los sujetos elegir entre dos fotografías de personas en función de quién les gustaba más. Pero mediante un truco de magia el investigador les daba siempre la opción que habían descartado. Cuando le preguntaban a alguien por qué había elegido a determinada chica, podía decir por ejemplo, "porque lleva gafas" cuando en realidad su elección inicial había sido la de la chica sin gafas. Su cerebro decidía en primer lugar y el individuo, a nivel consciente, construía las explicaciones.
Creemos conocer problemas complejos de los que no tenemos ni idea.
A propósito de llevar razón, esta semana el psicólogo británico Tom Stafford publica en Mind Hacks un artículo sobre “la mejor manera de ganar una discusión” y recuerda otro aspecto de nuestra psique descubierto hace una década por científicos de la universidad de Yale. La mayoría de las veces, por pura familiaridad, creemos conocer cómo funcionan algunos problemas complejos de la sociedad cuando en realidad no tenemos ni idea de cuáles son las causas ni sus mecanismos. Se trata de una especie de “ilusión de la explicación profunda”. Conociendo este sesgo, los mismos científicos realizaron otro experimento en el que pedían a un grupo de estudiantes que defendiera su tesis con argumentos y a otro que detallara paso a paso la solución que proponía para el problema. Y descubrieron que entre estos últimos, que descubrían la vulnerabilidad de su posición, era más fácil el cambio de postura. En otras palabras, para demostrarle a alguien que no tiene razón, no hay nada como dejar que se explique.
La conclusión de todos estos experimentos es que  deberíamos ser más prudentes en general y tratar de escuchar los argumentos del otro antes de darnos por ofendidos. Nuestro cerebro va a hacer todo lo posible por mantenerse en sus trece y nos puede llevar a situaciones de ridículo. La próxima vez que tenga una discusión sobre política, energía o fútbol, es posible que saber no llevar razón sea una enseñanza muy útil.
Para saber más:  I don’t want to be right (The New Yorker) | How politics makes us stupid(Vox) | The best way to win an argument (Mind Hacks) 
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Autor del articulo -

Por qué no podemos dejar de estar equivocadosAntonio Matínez Ron

Antonio Martínez Ron

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Wikipedia 
  1. Giorgione - Wikipedia, la enciclopedia libre

    es.wikipedia.org/wiki/Giorgione
    Giorgio Barbarelli da Castelfranco más conocido como Giorgione, (Castelfranco Véneto; h. 1477 - Venecia, 1510), pintor italiano, representante destacado de la ...
    Biografía - ‎Estilo - ‎Innovaciones - ‎Valoración
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REFRANES a tener muy en cuenta siempre - "NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS".- "ARRIMAR EL ASCUA A SU SARDINA".- "CADA UNO HABLA DE LA FERIA COMO LE VA EN ELLA".Y no olvidarse de la "mas moderna" que dice : "Aqui el que no corre vuela y el MAS TONTO hace aviones".
Nota : pongo estos tres refranes para que el lector tenga cuidado con lo que lee.
Es muy facil manipular a la gente, todo el cuidado es poco.
Hay que CUESTIONARSE lo que se lee, CONTRASTARLO  y luego CADA UNO DEBE LLEGAR A SUS PROPIAS CONCLUSIONES.
VRedondoF
** Soy un EMPRESARIO JUBILADO que me limito al ARCHIVO de lo que me voy encontrando "EN LA NUBE" y me parece interesante. **
**  Lo intento hacer de una forma ordenada/organizada mediante los blogs gratuitos de Blogger. **
** Utilizo el sistema COPIAR/PEGAR, luego lo archivo. ( Solo lo  INTERESANTE, según mi criterio). **
** Tengo una serie de familiares/ amigos/ conocidos (yo le llamo "LA PEÑA") que me animan a que se los archive para leerlo ellos después. **
**  Los artículos que COPIO Y PEGO EN MI ARCHIVO o RECOPILACIÓN (cada uno que le llame como quiera), contienen opiniones con las que yo puedo o no, estar de acuerdo. **
** Si te ha gustado la publicacion, lo mejor que debes hacer es ir al blog/pagina del autor y DEJAR UN COMENTARIO. En mi blog no puedes dejar comentarios, pero si en el del autor. **
** Cuando incorporo MI OPINIÓN, la identifico CLARAMENTE,  con la única pretensión de DIFERENCIARLA del articulo original. **
** Pido perdon por MIS limitaciones literarias. El hacerlo mejor (no mucho) me cuesta dedicarle MAS TIEMPO, y la verdad es que (ademas de no tener tiempo) tengo poca paciencia,  por ello, y nuevamente, pido disculpas por las susodichas limitaciones. **
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