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NOTA DE VREDONDOF :

ESTE ARTICULO A MI ME PARECIO MUY INTERESANTE , PERO ME HA COSTADO MUCHO "LLEGAR A LOS CONCEPTOS" , NO SE SI POR QUE A MIS 63 AÑOS YA PATINA UN POCO MI CABEZA , O BIEN PORQUE EL AUTOR TIENE UN NIVEL ... O QUE ESCRIBE PARA UN NIVEL DE PERSONAS CON UN INTELECTO MUY ELEVADO.

En cualquier caso merece la pena leerlo (con MUCHA ATENCION para enterarse ....)
La conclusion que saque en la 3ª leida que le di , fue que se puede DECIR LO MISMO con el 10 de palabras y utilizando un "estilo mas pegado a la tierra".

LOS ESPAÑOLES NO SON IDEALISTAS. EN LA MEDIOCRIDAD SE ENCUENTRAN A GUSTO

El perfeccionamiento humano se efectúa con ritmo diverso en las sociedades y en los individuos. Los más poseen una experiencia sumisa al pasado: rutinas, prejuicios, domesticidades. Pocos elegidos varían, avanzando sobre el porvenir; al revés de Anteo, que tocando el suelo cobraba alientos nuevos, los toman clavando sus pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible. Esos hombres, predispuestos a emanciparse de su rebaño, buscando alguna perfección más allá de lo actual, son los "idealistas". La unidad del género no depende del contenido intrínseco de sus ideales sino de su temperamento: se es idealista persiguiendo las quimeras más contradictorias, siempre que ellas impliquen un sincero afán de enaltecimiento. Cualquiera. Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la mediocridad: soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos, generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmáticos. Son alguien o algo contra los que no son nadie ni nada. Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor. Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del "hombre práctico", limitado a las contingencias del presente, importa un renunciar a toda imperfección. El hábito organiza la rutina y nada crea hacia el porvenir; sólo de los imaginativos espera la ciencia sus hipótesis, el arte su vuelo, la moral sus ejemplos, la historia sus páginas luminosas.
Son la parte viva y dinámica de la humanidad; los prácticos no han hecho más que aprovecharse de su esfuerzo, vegetando en la sombra. Todo porvenir ha sido una creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita sucesión de ideales. Más ha hecho la imaginación construyendo sin tregua, que el cálculo destruyendo sin descanso. La excesiva prudencia de los mediocres ha paralizado siempre las iniciativas más fecundas. Y no quiere esto decir que la imaginación excluya la experiencia: ésta es útil, pero sin aquélla es estéril. Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la inspiración y la sabiduría; por eso, con frecuencia, viven trabados por su espíritu crítico cuando los caldea una emoción lírica y ésta les nubla la vista cuando observan la realidad. Del equilibrio entre la inspiración y la sabiduría nace el genio. En las grandes horas de una raza o de un hombre, la inspiración es indispensable para crear; esa chispa se enciende en la imaginación y la experiencia la convierte en hoguera. Todo idealismo es, por eso, un afán de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos más audaces a la ignorancia, madrastra de obstinadas rutinas.
La humanidad no llega hasta donde quieren los idealistas en cada perfección particular; pero siempre llega más allá de donde habría ido sin su esfuerzo. Un objetivo que huye ante ellos se convierte en estímulo para perseguir nuevas quimeras. Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan. La humanidad no poseería sus bienes presentes si algunos idealistas no los hubieran conquistado viviendo con la obsesiva aspiración de otros mejores.
En la evolución humana, los ideales se mantienen en equilibrio inestable. Todo mejoramiento real es precedido por conatos y tanteos de pensadores audaces, puestos en tensión hacia él, rebeldes al pasado, aunque sin la intensidad necesaria para violentarlo; esa lucha es un reflujo perpetuo entre lo más concebido y lo menos realizado. Por eso los idealistas son forzosamente inquietos, como todo lo que vive, como la vida misma; contra la tendencia apacible de los rutinarios, cuya estabilidad parece inercia de muerte. Esa inquietud se exacerba en los grandes hombres, en los genios mismos si el medio es hostil a sus quimeras, como es frecuente sobre todo en España. No agita a los hombres sin ideales, informe argamasa de humanidad.
Toda juventud es inquieta. El impulso hacia lo mejor sólo puede esperarse de ella: jamás de los enmohecidos y de los seniles. Y sólo es juventud la sana e iluminada, la que mira al frente y no a la espalda; nunca los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado: lo que en ellos parece primavera es tibieza otoñal, ilusión de aurora que es ya un apagamiento de crepúsculo.
Sólo hay juventud en los que trabajan con entusiasmo para el porvenir; por eso en los caracteres excelentes puede persistir sobre el apeñuscarse de los años. Nada cabe esperar de los hombres que entran a la vida sin afiebrarse por algún ideal; a los que nunca fueron jóvenes, paréceles descarriado todo ensueño. Y no se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no se adquiere.
Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos sociales que los oprimen. Resisten la tiranía del engranaje político nivelador, aborrecen toda coacción del sistema, sienten el peso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados, dóciles maleables, solidarios, uniformes en la común mediocridad.
Las fuerzas conservadoras que componen el subsuelo social pretenden amalgamar a los individuos, decapitándolos; detestan las diferencias, aborrecen las excepciones, anatematizan al que se aparta en busca de su propia personalidad. El original, el imaginativo, el creador no teme sus odios: los desafía, aun sabiéndolos terribles porque son irresponsables y asesinos como ultima solución. Por eso todo idealista es una viviente afirmación del individualismo, aunque persiga una quimera social; puede vivir para los demás, nunca de los demás. Su independencia es una reacción hostil a todos los dogmáticos. Concibiéndose incesantemente perfectibles, los temperamentos idealistas quieren decir en todos los momentos de su vida, como Don Quijote: "yo sé quién soy". Viven animados de ese afán afirmativo. En sus ideales cifran su ventura suprema y su perpetua desdicha. En ellos caldean la pasión, que anima su fe; esta, al estrellarse contra la realidad social, puede parecer desprecio, aislamiento, misantropía: la clásica "torre de marfil" reprochada a cuantos se erizan al contacto de los obtusos. Diríase que de ellos dejó escrita una eterna imagen Teresa de Ávila: "Gusanos de seda somos, gusanillos que hilamos la seda de nuestras vidas y en el capullito de la seda nos encerramos para que el gusano muera y del capullo salga volando la mariposa". Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal; el pensamiento sin calor es muerte, frío, carece de estilo, no tiene firma.
Jamás fueron tibios los genios y los héroes. Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio; como para dar una lección de dignidad hay que desgoznar algún servilismo. Todo ideal es, instintivamente, extremo; debe serlo a sabiendas, si es menester, pues pronto se rebaja al refractarse en la mediocridad de los más. Frente a los hipócritas que usurpan poderes civiles y mienten con viles objetivos, la exageración de los idealistas es, apenas, una verdad apasionada. La pasión es su atributo necesario, aun cuando parezca desviar de la verdad; lleva a la hipérbole, al error mismo; a la mentira nunca. Ningún ideal es falso para quien lo profesa: lo cree verdadero y coopera a su advenimiento, con fe, con desinterés. El sabio busca la Verdad por buscarla y goza arrancando a la naturaleza secretos para él inútiles o peligrosos. Y el artista busca también la suya, porque la Belleza es una verdad animada por la imaginación, más que por la experiencia. Y el moralista la persigue en el Bien, que es una recta lealtad de la conducta para consigo mismo y para con los demás. Tener un ideal es servir a su propia Verdad Siempre. Algunos ideales se revelan como pasión combativa y otros como pertinaz obsesión; de igual manera distínguense dos tipos de idealistas, según predomine en ellos el corazón o el cerebro. El idealismo sentimental es romántico: la imaginación no es inhibida por la crítica y los ideales viven de sentimiento. En el idealismo experimental los ritmos afectivos son encarrilados por la experiencia y la crítica coordina la imaginación: los ideales tórnanse reflexivos y serenos. Corresponde el uno a la juventud y el otro a la madurez. El primero es adolescente, crece, puja y lucha; el segundo es adulto, se fija, resiste, vence.
El idealista perfecto sería romántico a los veinte años y estoico a los cincuenta; es tan anormal el estoicismo en la juventud como el romanticismo en la edad madura. Lo que al principio enciende su pasión, debe cristalizarse después en suprema dignidad: ésa es la lógica de su temperamento. Sin embargo lo que si hay es mucha mediocridad. La mediocridad puede definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: "Juntad mil genios en un Concilio y tendréis el alma de un mediocre". Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas.El régimén actual, la monarquía cainista, ha conseguido una vez más, a través de sus ladrones politicos, que los españoles sean mediocres y que todo destello de genialidad sea enterrado en el desprecio. El régimen es miedoso,cobarde y hurtador, teme por su continuidad, pues sabe que se ha llevado mucho y no ha ofrecido nada. Qué se puede esperar de un monarca que dice:"El recuerdo de Franco constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad ...". Seguid votando, idealistas.
J.I.
"El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo
porque todo el mundo cree poseerlo en cantidad suficiente." René Descartes.

LIBERTAD

-La filosofia de la libertad esta basada en la propiedad de uno mismo, esta simple pero elegante y contundente animacion la explicara exactamente. Esta es una gran herramienta que cualquiera puede usar para educar niños y adultos acerca del derecho a la vida, libertad y la capacidad de crear - y nuestra responsabilidad para pensar, hablar y actuar. La version en DVD de este video puede ser descargada gratis en: www.philosophyofliberty.blogspot.com CRÉDITOS AUTOR: Ken Schoolland schoolak001@hawaii.rr.com PRODUCTOR: Kerry Pearson (aka Lux Lucre) MÚSICA: Music2Hues www.music2hues.com WEBSITE: www.jonathangullible.com AYUDA: The Jonathan Gullible fund www.isil.org/tools/jonathan-gullible.html COPYRIGHT: www.creativecommons.org/licenses/by-nd-nc/1.0/ *

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Diez formas de comportamiento que ocultan problemas de baja autoestima



woman-low-self-esteem.JPG¿Puede dar más y mejor, quien piensa de sí mismo que es menos y peor? Creo que no. En el libro Creating Confidence Rex Johnson y David Swindley definen la autoestima como un sentimiento que refleja cuan bien se siente uno consigo mismo. Como el oxígeno o la electricidad, no se puede ver, oír, saborear ni oler, pero te das cuenta cuando no está allí.

Tener un modelo que nos permita construir inferencias generativas sobre el nivel de autoestima de nuestros compañeros de trabajo (y de nosotros mismos) y detectar los patrones de comportamiento utilizados como estrategias preconscientes compensatorias que reflejan una pobre autoestima, puede ser un aporte valioso a la hora de tratar con ellos (y con nosotros mismos), ayudarlos (…y ayudarnos).

Es esto, en definitiva, lo que me mueve a traer a este espacio esta forma de clasificar las cosas. Dudé en hacerlo, porque algunas apreciaciones pueden doler, y mucho, sobre todo si nos sentimos reflejados. Pero nos pueden servir si procesamos este dolor adecuadamente. Cómo todo conocimiento, el empleo constructivo de este modelo depende de la “buena consciencia” del usuario del modelo y del receptor del conocimiento.

Una autoestima menoscabada puede ser la causante de baja motivación, pobres niveles de energía, … y una mala relación con la gente. Nada bueno surge de ella.

Erróneamente algunos confunden a las personas arrogantes con los que tienen una alta autoestima, y a la gente tranquila [de perfil bajo] con aquellos que tienen una baja autoestima. En general, las personas que más confían en si mismas, [en sus valores y capacidad de logro y superación], son tranquilas, siguen adelante con sus vidas, hacen lo que quieren y se divierten.

De acuerdo a los psicoterapeutas 
Rex Johnson y David Swindley, muchos de los que ven afectada su autoestima buscan ocultar esta experiencia, en forma consciente o inconsciente…

Según estos investigadores, cuando nos sentimos amenazados en nuestra autoestima nos podemos ubicar en alguno de los siguientes diez patrones de comportamiento a los que solemos recurrir como estrategias defensivas:
1. Quien disfruta criticando, juzgando y menospreciando a la gente, especialmente a quienes considera más exitosos que él, a veces como una manera de justificarse. No logra dar una sugerencia constructiva, o porponer una acción positiva. En el fondo, sus esfuerzos están dirigidos a proyectar en el otro y en el mundo, la opinión que se ha formado de sí mismo.
2. Quien pone un montón de energía para evitar llamar la atención, trata de pasar lo más desapercibido posible, pues está convencido de que no es digno de dicha atención. No es capaz de aceptar un cumplido porque durante muchos años alimentó una autoimagen de alguien inadecuado, no merecedor de aprecio.
3. Quien no puede evitar quejarse, y suele sentir placer al hacerlo, y aprovecha toda oportunidad que encuentra para practicar esta especialidad. No importa lo que la vida le traiga, siempre es capaz de encontrar la falta, focalizarse en ella y quejarse sin cesar.
4. Quien se daña mediante hábitos adictivos, trastornos de la alimentación, o fobias, (anorexia, bulimia, tabaquismo, alcoholismo, …).
5. Quien tiene miedo de exponer sus verdaderos sentimientos porque no puede enfrentar un posible rechazo. Nunca pide  ayuda y también evita quejarse o reclamar incluso cuando tenga todos los motivos válidos para hacerlo.
6. Quien sigue a la manada para conseguir ser aceptado en ciertos círculos o grupos. No confía en que puede seguir su propio camino y a la vez ser apreciado. Deja de mostrarse tal cual és, y se mimetiza con el grupo para experimentar aprecio y valía.
7. Quien no puede dejar de hablar para mostrarse, necesita figurar, y este comportamiento se presenta de dos formas. La primera es motivada por el temor a no ser visto, o escuchado, por la preocupación a no tener la oportunidad de decir algo, aunque lo que quiera decir no aporte nada, lo importante es hablar (y no aquello de lo que habla), porque de esta manera siente que existe, como una forma de compensar una autoimagen de existencia de poca magnitud. La segunda es la típica fanfarronada, que suele tener poca consideración por la verdad, con jactancias omnipoderosas y promesas grandiosas, que producen una la autogratificación momentanea que le da presumir.
8. Quien siempre está buscando chivos expiatorios. Si algo sale mal, culpa a alguien más. Siempre encuentra allí afuera a quien asignarle la responsabilidad de sus errores, problemas, fracasos. A veces como una forma de compensar un sentimiento de culpabilidad, que lo lleva a tener que demostrar en forma sobrecargada su inocencia, sin percibir que al hacerlo se llena de impotencia.
9. Quien lo sabe todo. Suele experimentar cierta aversión al error propio y tiene su autoestima asociada a demostrar que tiene la respuesta correcta, con las serias dificultades de aprendizaje y sociales que esto genera.
10. Quien siente envidia por los logros ajenos. Sin darse cuenta, interpreta (destructivamente) el logro ajeno como una demostración de su incapacidad, y eso le duele, y se siente mal si otro consigue algo que él mismo desea, y por eso no puede expresar con franqueza frases como: “¡Te felicito! ¡Bien hecho! ¡Me alegro por vos!”

Hay literalmente cientos de patrones de comportamientos posibles vinculados a la falta de auto estima. Al menos yo (aunque pongo energía en trabajar mi autoestima y veo como este trabajo fue rindiendo frutos), no me considero superado y menos cuando respondo a ciertas circunstancias en “piloto automático”, desatento, sin consciencia.

    - ¿Qué reflexión te dispara este tema?
    - ¿Cómo crees que la baja autoestima afecta el ámbito del trabajo?
    - ¿Qué consecuencias pensas que se derivarían de ejercer poder teniendo una pobre o baja autoestima?


Posteado por Andres Ubierna el Martes, 31 agosto, 2010 a las 7:30 pm
Creative Commons License
This work, unless otherwise expressly stated, is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Unported License.

de Pensamiento Imaginactivo 


Self management. Diez formas de compensar la falta de autoestima
Por Andrés Ubierna

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Fuente: Puerto Managers
Imagen: Low self esteem

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Hawking, Dios y el Halcón Milenario

NOTA DE VRedondoF : Me ha gustado mucho , por ello recomiendo leer con atencion , he destacado lo que me parece interesante .


Emocionados por los descubrimientos de la física, los científicos del siglo XIX pensaron que era cuestión de tiempo conocer por qué sucedía todo. Lord Kelvin, uno de los hombres de ciencia más destacados de ese siglo, dijo ante la Royal Society que la física estaba llegando a su fin y que todo fenómeno se podría explicar con un puñado de leyes físicas.
Lord Kelvin simplemente se basaba en las leyes newtonianas que daban cuenta por fin del movimiento de los astros con una precisión nunca vista. Años antes de Lord Kelvin, el físico francés Laplace también había afirmado que si conociéramos todos los átomos del universo, sus trayectorias y sus velocidades, podríamos determinar el futuro. Daba la impresión de que Dios iba a perder esta partida.
Pues esa era la opinión general en el siglo XIX. Sólo había que darle a la ciencia un poco de tiempo para que nuestro conocimiento fuera absoluto. Las certeras teorías de Darwin dieron un empujón a esta creencia del lado de la biología. La física estaba esperando su gran momento el cual no tardaría en llegar. Cada vez se avanzaba más en el campo de la astronomía, escrutando los grandes astros y sus movimientos, y lo mismo sucedía a escala microfísica, donde ya se habían descubierto  decenas de elementos que se agregaban a la tabla periódica. El átomo estaba acorralado. Había que destriparlo un poco más para conocer las fuentes de la vida. Dios, cero; física, 1.
Ese momento no llegó en el siglo XIX de modo que se esperaba que el siglo XX sería el que daría el gran golpe del conocimiento científico.
Pero las cosas se empezaron a torcer. En primer lugar, el alemán Max Planck vio que los átomos no se comportaban como sistemas planetarios en pequeño. Hasta entonces se pensaba que los electrones orbitaban alrededor de un núcleo girando como peonzas cargadas de energía.
Planck dijo que los electrones daban saltos de una órbita a otra y que entonces emitían paquetes (quantums) de energía. Luego, se vio que los átomos una veces se comportaban como ondas y otras como corpúsculos. Por fin, un danés, un austriaco y un alemán descubrieron algo que sentó las bases de la nueva física: no podemos conocer el comportamiento de los electrones porque el hecho de observarlos ya modifica su comportamiento. Más aún: nosotros creamos la realidad observándola. Encima los átomos pueden estar en dos sitios a la vez. Sí en dos sitios.  Y por último, no sabemospor qué sucede eso. Solo sabemos que sucede así.
Einstein se negó a aceptar esa propuesta que calificó de “vudú” y fantasmal. La realidad estaba ahí afuera y punto. Pero a medida que los científicos aplicaban las leyes de Heisenberg, Bohr y Schrödinger (los creadores de la nueva física) comprobaban que funcionaba tal y como lo predecían.  La realidad no existe hasta que la miramos. Nosotros creamos la realidad.
Esta propuesta que suena tan absurda es hoy la que reina en la física moderna. Se le llama mecánica cuántica y sus fórmulas funcionan a la perfección. Es irracional, sí. Es ilógica, sí. Es absurda, sí. Pero desde los chips hasta los láseres pasando por los instrumentos de resonancia magnética funcionan en base a estas nuevas leyes. “Quien no se quede perplejo con la mecánica cuántica es que no la ha entendido”, llegó a afirmar Niels Bohr, uno de los padres de la idea.
En resumen, la física moderna es incomprensible. Nada que ver con lo que predecía Lord Kelvin. Tampoco consolaba saber, como decía Bohr, que  ”la meta de la ciencia no es describir la naturaleza sino sólo describir lo que podemos decir de la naturaleza”.
La entrada en escena de Hawking negando que Dios haya sido necesario para crear el universo no resuelve ninguna duda científica porque siguen ahí.  “It is not necessary to invoke God to light the blue touch paper and set the Universe going.” (No es necesario invocar a Dios para poner en marcha el universo”, dice en su libro “The Gran Design” (el gran diseño o el gran esquema), que se pondrá a la venta el próximo 9 de septiembre.
Hawking cree que ha sido resultado de las fuerzas gravitatorias.
Hasta ahora, se sabe que el universo se maneja con cuatro fuerzas elementales: la gravedad, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Y Einstein se pasó la última parte de su vida tratando de encontrar una teoría que unificase todas las fuerzas. Murió sin lograrlo y hoy sigue sin encontrarse.
Hawking dijo en 1988 que si descubriéramos una teoría completa, sería el último triunfo de la razón humana “y conoceríamos la mente de Dios”. Lo dijo en un libro superventas llamado “Historia del tiempo”.
En un programa de televisión de Channel 4 dijo hace pocos meses lo contrario: “Esta es la cuestión: la forma como se creó el universo ¿empezó gracias a una decisión de Dios o por una ley física? Creo que la respuesta es lo segundo”.
A muchos les habrán inquietado o molestado las opiniones del físico. Hawking se remite a pruebas como la materia oscura, la expansión acelerada del universo y las leyes gravitatorias. Sean molestas o no las opiniones de Hawking, su desafío ha agitado el interés y ahora es una de las cuestiones más leídas en los diarios y más debatidas en redes sociales. Y, aparte de su interés por vender libros, hay que agradecer a Hawking que remueva las conciencias e introduzca temas de debate que no son desde luego nada frívolos.
Para la comunidad científica, la opinión de Hawking sobre la existencia de Dios y el universo no carece de interés. Se trata del hombre que profundizó en la teoría de los agujeros negros y comprobó el Big Bang, esa teoría por la cual el universo nació de una gran explosión en el minuto cero de la historia. ¿Y en qué se basó Hawking para sostener sus teorías? En la mecánica cuántica.
Pero desgraciadamente, el gran enigma cuántico sigue intocable. Los átomos se comportan de forma ilógica. El universo está compuesto de átomos. Ergo, el universo es ilógico. ¿Se puede probar la existencia de Dios con estas premisas? Ni eso ni lo contrario.
Para estremecernos un poco más, la mecánica cuántica por ejemplo predice una conectividad universal, como si todos los átomos tuvieran relación e influencia entre sí. “No puedes zarandear una flor sin perturbar una estrella”, decía el científico Francis Thompson. Es más, muchos cientificos creen que eso sería la explicación de fenómenos como la percepción extrasensorial y otros parafenómenos, como afirman los físicos Bruce Rosenblum y Fred Kuttner en su libro “El enigma cuántico” (Tusquets). Y todo porque la mecánica cuántica permite adentrarse en el terreno de la conciencia y de la mística. Un verdadero enigma.
Muchos dan pie a su imaginación, y predicen que llegará el día en que las proezas el Halcón Milenario, la nave estelar de Han Solo que cruzaba el universo apretando el botón del hiperespacio, se hará realidad. Eso es lo que tienen las leyes de la física: lo que pensábamos que era imposible se transforma en posible, con lo cual da pie a la hiperimaginación.
Pero si hay algo cierto en la ciencia es que las leyes más nuevas destrozan a las más viejas y la humanidad da un salto en el conocimiento hasta el punto de que están sucediendo cosas increíbles en los laboratorios. Cuando uno escucha al físico Ignacio Cirac diciendo que la próxima generación de ordenadores cuánticos se basa en una ley de la física por la cual un átomo transmite sus cualidades a otro más distante sin mediar la ley de causa-efecto, se queda uno paralizado. Eso quiere decir que no hemos llegado a la meta del conocimiento, para bien de Bécquer, quien decía: ” Mientras no se descubran las fuentes de la vida, habrá poesía”.
No es de extrañar que un día, los científicos nos den este titular: “Demostrado: Dios existe”.


En lo que refiere a mí, hace tiempo que renuncié a pensar si el universo fue creado por las leyes físicas o por Dios. Ahora me pregunto por qué los hombres crean a los dioses.








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"Dios no fue necesario para crear el universo"



Stephen Hawking sostiene que el Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física sin ninguna intervención de un ente sobrenatural

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE Londres 02/09/2010 10:12 Actualizado: 03/09/2010 15:06



 científico británico Stephen Hawking. EFE/ArchivoEFE


Hubo un tiempo en que Stephen Hawking creía que el avance del pensamiento humano, gracias a la ciencia, permitiría conocer "la mente de Dios". Con este singular concepto, se refería a entender el origen del universo. Era una forma de apaciguar a los creyentes en Dios/Alá/Yahvé u otras deidades. Los caminos de la religión y de la ciencia no tenían por qué discurrir por planos diferentes.
Hawkins ha seguido pensando y ha llegado a una conclusión diferente. En su nuevo libro -El gran diseño-, coescrito con el físico norteamericano Leonard Mlodinow, el científico británico elimina a Dios de la ecuación: no necesitamos a Dios para entender la creación del universo. El Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física.
"Dado que existe una ley como la de la gravedad, el universo pudo crearse a sí mismo de la nada, como así ocurrió. La creación espontánea es la razón de que exista algo, en vez de la nada, de que el universo exista, de que nosotros existamos. No es necesario invocar a Dios para que encienda la mecha y ponga el universo en funcionamiento", escribe el físico británico, de 68 años, en el libro del que ayer The Times publicó un extracto.

Adiós a Newton

Newton creía que el sistema solar no podía haber surgido del caos por la simple intervención de las leyes de la naturaleza. El universo sólo podía haberse originado por la mano de Dios.
Hawking admite que la coincidencia extraordinaria de una serie de condiciones que permitieron la propagación de la vida en la Tierra sería ciertamente inaudita si el nuestro fuera el único sistema solar del universo. Esa explicación, que ha dado tranquilidad de espíritu a tantos científicos creyentes, quedó desmentida -escribe Hawking- cuando se descubrió en 1992 el primer planeta extrasolar, que orbitaba en torno a una estrella que no era el sol. Desde entonces, han aparecido casi 500. Malas noticias para los seguidores de Newton.
El Big Bang fue una consecuencia inevitable de las leyes de la física
La esclerosis lateral amiotrófica que sufre desde hace años ha paralizado su cuerpo, pero su mente no deja de funcionar y sorprender. Hawking es un científico tan provocador que no deja de explorar incluso terrenos que otros colegas prefieren reservar a las películas de ciencia-ficción.
Hace sólo unas semanas, advirtió de que la raza humana debería colonizar el espacio en los próximos dos siglos porque de lo contrario desaparecerá. El crecimiento de la población y la escasez de recursos naturales no dejarán otra opción. En un documental en abril, llegó a predecir que un encuentro con una civilización alienígena no sería recomendable: "Si los extraterrestres nos visitan, el resultado no sería muy diferente a la llegada de Colón a América. Y ya sabemos que no fue muy bueno para los nativos americanos".
Hawking no ha abandonado su costumbre de alternar profundas explicaciones científicas con golpes de humor. En el nuevo libro, que saldrá a la venta en Reino Unido el día 9 -una semana antes de la visita del Papa al país-, comenta que el gran objetivo no es saber sólo cómo se comporta el universo, sino también por qué. Es decir, el enigma de "la vida, el universo y todo lo demás", como bien saben los lectores de la novela de Douglas Adams. Sólo que esta vez, "a diferencia de la respuesta de La guía del autoestopista galáctico, la nuestra no será 42".
Las bromas se acaban cuando Hawking y Mlodinow hacen un repaso del avance de la física teórica para llegar a la conclusión de que las teorías M son "la única candidata" para entender al universo en su conjunto y también la que Einstein esperaba encontrar. Las teorías M son la última aportación de la física teórica para convertirse en la teoría que unifique las cuatro fuerzas, o interacciones, fundamentales de la naturaleza (gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil).

Teoría de cuerdas

Planteada por el físico Edward Witten, tiene su origen en la teoría de cuerdas, por la que las partículas materiales no son puntos, sino cuerdas que vibran a una cierta frecuencia. Ambas teorías no han sido demostradas aún empíricamente pero son el escenario por el que progresan científicos como Hawking. A fin de cuentas, su mundo es el de la física teórica, con especial hincapié en la segunda palabra.
La idea es que no existe un solo universo, sino que hay una multiplicidad de universos, lo que nos devuelve al célebre debate sobre Dios: "Al igual que Darwin y Wallace explicaron cómo el aparentemente milagroso diseño de los seres vivos podía surgir sin intervención de un ser supremo, el concepto de multiverso puede explicar la evolución de las leyes físicas sin la necesidad de un creador benevolente".
"El concepto de multiverso puede explicar las leyes físicas sin un creador"
Eureka, dijo ayer el biólogo y apóstol del ateísmo Richard Dawkins. "Darwin expulsó a Dios de la biología, pero la física aún no lo tenía claro. Hawking ha administrado ahora [a Dios] el tiro de gracia".
Otros científicos no están tan convencidos. Saben que más allá de las universidades y los laboratorios, el debate no se centrará en electrones y protones, sino en las cuestiones vitales que han inspirado al hombre durante siglos, y que también hicieron posibles las guerras de religión. "Mi mayor problema con todo esto -ha dicho George Ellis, presidente de la Sociedad Internacional de Ciencia y Religión- es que se pide a la gente que elija: ciencia o religión. Y mucha gente dirá ‘vale, elijo la religión', y entonces la perdedora será la ciencia".

Escépticos

Sin necesidad de que los teólogos entren en escena, hay científicos que no creen en las teorías M como la solución y aún están esperando algún tipo de comprobación empírica.
"Mucho ruido y pocas nueces", era el título de un artículo en The Times de Frank Close, profesor de Física Teórica en la Universidad de Oxford, con el que valoraba los hallazgos de Hawking: "Si el único objetivo [de Dios] era crearte a ti, a mí y a Stephen Hawking, ¿no era suficiente con un único sistema solar? No creo que las teorías M aporten nada al debate sobre Dios, a favor o en contra".
Si los propios científicos que desarrollan las teorías M no se ponen de acuerdo sobre si es una teoría o una familia de teorías, es poco probable que los demás mortales puedan tenerlo más claro. Lo que sí tiene Hawking es una audiencia. Quizá el gran enigma no tenga que ver con la existencia de Dios, sino con saber cuántas de las nueve millones de personas que compraron Breve historia del tiempo se atreverán con su nuevo libro.

Una teoría imposible de demostrar

Los físicos aún tienen problemas para definir las teorías M. De hecho ni se ponen de acuerdo en qué significado darle a esa letra. Aunque no es la única que lo pretende, busca englobar a las grandes teorías de la física moderna (la de la relatividad general, la mecánica cuántica o las diversas variaciones de la teoría de cuerdas).“Es como un dado en el que cada cara ayuda a explicar la realidad que se está observando”, compara el astrónomo del Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC Emilio García. Para Hawking, la fuerza de esta ‘madre de todas las teorías’ está en que explica varias de las grandes preguntas que se viene haciendo el hombre.
En el universo existen un conjunto de fuerzas de la naturaleza y constantes físicas que parecen especialmente diseñadas para que la vida exista. “Bastaría cambiar la masa del protón o la constante de la gravedad para que fuera imposible la vida”, explica García, lo que invita a creer en un gran arquitecto. “Aquí, las teorías M y no sólo ellas, otras teorías que contemplan la idea de multiverso, ‘resuelve’ el problema, ya que según dichas teorías no existe un único universo sino muchos, una infinidad de ellos, cada uno con sus propias constantes de la naturaleza”, añade el astrónomo.
En cuanto al origen de todo, Hawking sostiene que las teorías M permiten la formación de universos de manera espontánea de la nada. Con esto sustituye a Dios.
El problema será probarla. Para García, “las teorías están fuera del alcance de nuestra experimentación”. M. Á. C.
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La amistad profunda es arriesgada






Ayer mismo en Facebook publicaba la siguiente frase de Lou Holtz: “No le cuentes tus problemas a los demás: Al 20% no le interesa y el otro 80% se alegra de que los tengas". 

Se generó un debate interesante con opiniones enfrentadas al tema de la amistad, una palabra que a mi juicio está muy falsificada, ya que la precisión en el uso del lenguaje no es algo por lo que nos caractericemos.

De la amistad se ha escrito mucho. Los grandes filósofos clásicos, como Aristóteles, le dedicaron su tiempo. Y es que es uno de los temas importantes de la vida. El último libro de Enrique Rojas lleva por título precisamente “Amigo. Adiós a la soledad” (Temas de Hoy, 2009) donde aborda muchas cuestiones interesantes.

Os dejo una excelente 
vídeo-entrevista en Periodista Digital con Enrique Rojas (10 minutos). Merece la pena verla. Entre otras cosas, se dice:

– Los grandes argumentos de la vida son: amor, trabajo, cultura y amistad.

– Quien no tiene amigos es sospechoso.

– No seamos utópicos: entre el amigo íntimo y el conocido que saludamos por la calle hay un amplio espectro de matices. Pocas amistades son íntimas.

– Toda amistad profunda es arriesgada.

– Los enemigos de la amistad son: individualismo, prisa y la instrumentalización.

– Vivimos en un mundo técnicamente perfecto y humanamente enfermo.

– Son muy pocos los políticos interesantes.

– Los psiquiatras se han convertido en el médico de cabecera de la sociedad.

– La soledad es la reflexión de uno mismo (Ortega y Gasset).
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Autoengáñate y vivirás mejor

de Francisco Alcaide Hernández .


Revisando entre mis papeles he encontrado un artículo que tenía guardado y que me ha gustado volver a leer. Se publicó el 22 de enero de 2006 en el diario El País por Fernando Trías de Bes y lleva por título: La capacidad de autoengañarse. Sin duda alguna, el título es muy sugerente y representa una mirada muy aguda al “autoengaño” en el que todos caemos.

Fernando Trías de Bes es profesor de ESADE y autor de varios libros como
“La buena suerte” junto a Álex Rovira o “El libro negro del emprendedor”, entre otros; además, fue uno de los expertos incluidos en mi libro “Who´s who en el management español” (Interban, 2006, 2ª edic.). El artículo dice así:
El autoengaño es una de las facetas más inherentes a la condición humana. Una faceta en principio estúpida, pero que nos concede una estabilidad excepcional para convertirnos en animales sociales. El hombre ha logrado convertir el autoengaño en una fuente de estabilidad.

Son habituales en algunos de los urinarios públicos de los Países Bajos, Francia y Reino Unido, y han comenzado a aparecer recientemente en nuestro país. Es sabido que los hombres, sea por falta de habilidad, pereza o descuido, “no apuntan bien”. Alguien tuvo una brillante idea: diseñar un urinario blanco con un pequeño insecto dibujado en el interior. El insecto en cuestión, de color negro sobre blanco, es difícil de ignorar. ¿Qué función tiene? El lector puede ya imaginarlo. El objetivo es que el usuario, atraído por un profundo deseo de enviar al pobre invertebrado tubería abajo, dirija el cilíndrico caudal hacia el interior del urinario. Obviamente, el insecto está ubicado casi en el centro, en un lugar bastante estudiado, donde se minimizan las salpicaduras u otros indeseados derrames. Los hombres que lean este artículo y hayan alguna vez visitado un urinario con tal diseño sabrán lo efectivo del mismo: es imposible no apuntar al insecto para intentar acabar con su vida, a pesar de que uno sabe que no es más que un dibujo.

Es en este punto en el que quisiera detenerme porque contiene el concepto que da pie a este artículo: la virtud del autoengaño. No hay adulto que no sepa que el insecto es un dibujo y, sin embargo, no hay adulto que no apunte hacia él. Es imposible hacerlo caer por el desagüe (¡es un dibujo!), y aun así, erre que erre, a ver si lo conseguimos. ¿Por qué insistir en una acción que sabemos infructuosa?

Pero el fenómeno contiene un segundo autoengaño aún más flagrante. El usuario sabe perfectamente que el dibujo ha sido colocado ahí para el autoengaño, y aun así se cae en la trampa. Asistimos con este trivial y escatológico ejemplo a un hecho formidable que caracteriza a la condición humana: la virtud de autoengañarse que afecta a todos los dominios de la vida.

– En lo económico. Los bancos llevan varios años tasando inmuebles que saben que están absolutamente sobrevalorados por unos tipos de interés bajos y un exceso de liquidez en la economía. Los bancos están presentando balances con activos (derecho sobre préstamos) sobrevalorados. En caso de crisis económica, con desempleo y subida de tipos, no van a poder recuperar el dinero que dieron porque es sin duda superior al valor del inmueble que tasaron. Esto lo saben todas las entidades financieras, y lo lleva advirtiendo el gobernador del Banco de España, desde hace tiempo. Aun así, a final de año los principales bancos están presentando cuentas de resultados con beneficios desorbitados. Tales beneficios podrían ser la antesala de unas grandes pérdidas en caso de un pinchazo de la burbuja inmobiliaria acompañado de morosidad. También lo saben los analistas financieros y los inversores que compran acciones de estos bancos. Pero no importa: es mejor autoengañarse, porque si no todo podría venirse abajo. Si quitamos la mosca el urinario se ensuciaría más de lo debido, así que conviene dejarla en su lugar.

Lo mismo sucedió con las acciones de las tecnológicas, que hicieron perder cifras astronómicas y arruinaron a mucho pequeño inversor. ¿Qué sucedió en la debacle de las puntocom? Pues otro autoengaño, en este caso multitudinario. ¿Cómo podía ser el valor en Bolsa de Terra superior al del BBVA o al de Repsol si no facturaba más de 10 millones de euros y tenía unas pérdidas millonarias? La respuesta es tan sencilla como inquietante: porque casi nadie lo cuestionaba, y al que lo hacía le tachaban de insensato: “Por favor, autoengáñese y deje de decir tonterías”.

– En lo personal. Dejemos de engañarnos: él no va a cambiar; ella, tampoco. Muchas personas viven en la permanente ilusión de que van a lograr cambiar al otro. Desengáñense. Nadie cambia, a lo sumo lo disimula. Pero tal autoengaño mantiene los lazos del amor, de la esperanza y de la ilusión.

– En lo laboral. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguien exclamar con alegría: “¡En la empresa ya me han hecho fijo!”? Tal persona no ha conseguido nada más que una indemnización si deciden despedirle. Nadie es fijo de por vida en una empresa. Es imposible. Toda empresa, si las cosas van mal dadas, suspenderá pagos o se declarará en quiebra. De acuerdo, ser fijo supone una cierta estabilidad añadida a la del contrato temporal, pero no es una garantía total de empleo. Es otra forma de autoengaño: la de creerse con trabajo para siempre aun cuando un contrato fijo no es una garantía laboral, sino una cierta garantía de indemnización por despido.

Así es. Nos engañamos a nosotros mismos todos los días; se engañan a sí mismos las autoridades, los gobernantes, los directivos, los inversores, los accionistas, y los periodistas, los políticos, los monarcas, los ricos, los pobres… No hay ser humano que escape al autoengaño. Entre otras cosas porque si no enloquecería o se volvería un ser absolutamente antisocial.

Ésta es una de las grandes paradojas de la condición humana, otro de los aspectos que nos hacen tremendamente eficientes frente a otras especies animales. Porque, a pesar de todo lo anteriormente dicho, conviene que nos sigamos engañando a nosotros mismos por el bien de la humanidad y sucesivas generaciones. De hecho, el hombre acude al autoengaño consciente, pero el animal vive en la ignorancia inconsciente, lo cual, a pesar de menos reprobable y más sincero, es mucho más peligroso.
La ignorancia inconsciente
Consiste en no darse cuenta de que se está ignorando un peligro o una realidad. Los animales son a menudo ignorantes de amenazas que se ciernen sobre ellos, y por eso resulta sencillo engañarlos con cualquier anzuelo para introducirlos en una jaula. La ignorancia inconsciente es terrible porque, a pesar de proveer tranquilidad, implica que somos ajenos a la realidad. En cambio, el autoengaño inconsciente es un síntoma de inteligencia. Consiste en engañarse de forma voluntaria para que las cosas sigan funcionando, pero si lo peor sucede, ya lo arreglaremos; mientras no sea así, el sistema se aguanta, y, al fin y al cabo, de eso se trata, de que el sistema aguante. Así es también la vida. 

Decía Hemingway que “vivimos esta vida como si llevásemos otra en la maleta”: un puro autoengaño para pasar de puntillas por la misma sin importarnos demasiado si la vivimos o la desperdiciamos. 
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La cruz, el dólar y Hollywood



Siempre que veo una película norteamericana, me pregunto cuándo llegará la escena “esa”. No falla. Ya se trate de una cinta de ciencia ficción o de aventuras, un drama o una comedia, tarde o temprano aparece “esa” escena. A veces son varias escenas, y a veces, en realidad es la subtrama que recorre toda la película.


Una de las últimas que vi en casa y en dvd era “Grand Torino”. Dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, trata de un anciano americano ex soldado de la guerra de Corea, que se queda viudo y debe pasar sus días sentado en el porche de su casa, bebiendo cerveza y acompañado de su perro.
Los vecinos han cambiado. Ya no son WASP, blancos anglosajones: ahora hay chinos, chicanos, en fin, extranjeros.
Y la presencia de “eso” se ve en los primeros planos: la religión. En este caso, es un cura muy joven que insiste una y otra vez al personaje de Clitn Eastwood que debería confesarse y quedar en paz consigo mismo. Ir a misa.
Eastwood se ríe y amonesta a este niño que le quiere dar lecciones de vida, a él, un ex veterano. Pero antes del gran final, Eastwood aparece por la iglesia y se confiesa. Es la antesala de su transformación.


La religión es algo muy presente en las películas norteamericanas. Puede aparecer en la película esa en que Silvester Stallone trata de sacar a un grupo de personas encerradas en un túnel invadido de agua; los cuales encuentran la liberación a través de una vieja ermita construida por irlandeses cuando construyeron los túneles de Manhattan.
O puede ser la crisis de fe de Dimas, el sacerdote de “El exorcista” que intenta hacer un exorcismo ayudado por otro sacerdote mayor, que conocer cómo conjurar al diablo.
Pueden ser cinco minutos de religión que llegan al principio, en el medio o al final. Puede ser el tema central. Pero fíjense bien porque siempre llegan.
¿Por qué?
Pues porque EEUU es un país muy creyente. Los productores de Hollywood saben que deben meter cinco minutos de religión, cinco de sexo y noventa minutos de acción para que triunfe una película. Es la norma.
Eso explica por qué la película de Amenábar no triunfa en EEUU, según informa elconfidencial.com. Lo supe el mismo día del estreno de Ágora y creo que lo escribí aquí en un post. Amenábar no se dio cuenta de que EEUU es un país muy religioso (también muy hipócrita), pero cuando se tratan temas religiosos, al final deben ser  salvadores.
A mí me gustó la película de Amenábar porque planteaba cuestiones que estudié en la carrera de Filosofía en dos materias: Filosofía de la Religión e Historia de la Ciencia. Me gustó de veras la película.
Pero cuando vi que los malos eran cristianos (bueno, antes los paganos y antes los judíos), me dije: “Esto no se va a estrenar ni en un cine de arte y ensayo en EEUU”.
Europa ha tenido tantas guerras de religión que aquí el espectador es más escéptico. Pero en EEUU siguen yendo a misa los domingos, y los curas, pastores y predicadores tienen una influencia enorme sobre la conciencia del país. Son su ángel de la guarda, la voz del inconsciente, el Obi Wan Kenobi de 320 millones de personas.
Por eso, aquellas películas que introduzcan elementos religiosos salvadores, tienen más posibilidades de hacer dinero. y las que no, se estrellan. Van al infierno.
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