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NOTA DE VREDONDOF :

ESTE ARTICULO A MI ME PARECIO MUY INTERESANTE , PERO ME HA COSTADO MUCHO "LLEGAR A LOS CONCEPTOS" , NO SE SI POR QUE A MIS 63 AÑOS YA PATINA UN POCO MI CABEZA , O BIEN PORQUE EL AUTOR TIENE UN NIVEL ... O QUE ESCRIBE PARA UN NIVEL DE PERSONAS CON UN INTELECTO MUY ELEVADO.

En cualquier caso merece la pena leerlo (con MUCHA ATENCION para enterarse ....)
La conclusion que saque en la 3ª leida que le di , fue que se puede DECIR LO MISMO con el 10 de palabras y utilizando un "estilo mas pegado a la tierra".

LOS ESPAÑOLES NO SON IDEALISTAS. EN LA MEDIOCRIDAD SE ENCUENTRAN A GUSTO

El perfeccionamiento humano se efectúa con ritmo diverso en las sociedades y en los individuos. Los más poseen una experiencia sumisa al pasado: rutinas, prejuicios, domesticidades. Pocos elegidos varían, avanzando sobre el porvenir; al revés de Anteo, que tocando el suelo cobraba alientos nuevos, los toman clavando sus pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible. Esos hombres, predispuestos a emanciparse de su rebaño, buscando alguna perfección más allá de lo actual, son los "idealistas". La unidad del género no depende del contenido intrínseco de sus ideales sino de su temperamento: se es idealista persiguiendo las quimeras más contradictorias, siempre que ellas impliquen un sincero afán de enaltecimiento. Cualquiera. Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la mediocridad: soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos, generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmáticos. Son alguien o algo contra los que no son nadie ni nada. Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor. Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del "hombre práctico", limitado a las contingencias del presente, importa un renunciar a toda imperfección. El hábito organiza la rutina y nada crea hacia el porvenir; sólo de los imaginativos espera la ciencia sus hipótesis, el arte su vuelo, la moral sus ejemplos, la historia sus páginas luminosas.
Son la parte viva y dinámica de la humanidad; los prácticos no han hecho más que aprovecharse de su esfuerzo, vegetando en la sombra. Todo porvenir ha sido una creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita sucesión de ideales. Más ha hecho la imaginación construyendo sin tregua, que el cálculo destruyendo sin descanso. La excesiva prudencia de los mediocres ha paralizado siempre las iniciativas más fecundas. Y no quiere esto decir que la imaginación excluya la experiencia: ésta es útil, pero sin aquélla es estéril. Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la inspiración y la sabiduría; por eso, con frecuencia, viven trabados por su espíritu crítico cuando los caldea una emoción lírica y ésta les nubla la vista cuando observan la realidad. Del equilibrio entre la inspiración y la sabiduría nace el genio. En las grandes horas de una raza o de un hombre, la inspiración es indispensable para crear; esa chispa se enciende en la imaginación y la experiencia la convierte en hoguera. Todo idealismo es, por eso, un afán de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos más audaces a la ignorancia, madrastra de obstinadas rutinas.
La humanidad no llega hasta donde quieren los idealistas en cada perfección particular; pero siempre llega más allá de donde habría ido sin su esfuerzo. Un objetivo que huye ante ellos se convierte en estímulo para perseguir nuevas quimeras. Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan. La humanidad no poseería sus bienes presentes si algunos idealistas no los hubieran conquistado viviendo con la obsesiva aspiración de otros mejores.
En la evolución humana, los ideales se mantienen en equilibrio inestable. Todo mejoramiento real es precedido por conatos y tanteos de pensadores audaces, puestos en tensión hacia él, rebeldes al pasado, aunque sin la intensidad necesaria para violentarlo; esa lucha es un reflujo perpetuo entre lo más concebido y lo menos realizado. Por eso los idealistas son forzosamente inquietos, como todo lo que vive, como la vida misma; contra la tendencia apacible de los rutinarios, cuya estabilidad parece inercia de muerte. Esa inquietud se exacerba en los grandes hombres, en los genios mismos si el medio es hostil a sus quimeras, como es frecuente sobre todo en España. No agita a los hombres sin ideales, informe argamasa de humanidad.
Toda juventud es inquieta. El impulso hacia lo mejor sólo puede esperarse de ella: jamás de los enmohecidos y de los seniles. Y sólo es juventud la sana e iluminada, la que mira al frente y no a la espalda; nunca los decrépitos de pocos años, prematuramente domesticados por las supersticiones del pasado: lo que en ellos parece primavera es tibieza otoñal, ilusión de aurora que es ya un apagamiento de crepúsculo.
Sólo hay juventud en los que trabajan con entusiasmo para el porvenir; por eso en los caracteres excelentes puede persistir sobre el apeñuscarse de los años. Nada cabe esperar de los hombres que entran a la vida sin afiebrarse por algún ideal; a los que nunca fueron jóvenes, paréceles descarriado todo ensueño. Y no se nace joven: hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal no se adquiere.
Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos sociales que los oprimen. Resisten la tiranía del engranaje político nivelador, aborrecen toda coacción del sistema, sienten el peso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados, dóciles maleables, solidarios, uniformes en la común mediocridad.
Las fuerzas conservadoras que componen el subsuelo social pretenden amalgamar a los individuos, decapitándolos; detestan las diferencias, aborrecen las excepciones, anatematizan al que se aparta en busca de su propia personalidad. El original, el imaginativo, el creador no teme sus odios: los desafía, aun sabiéndolos terribles porque son irresponsables y asesinos como ultima solución. Por eso todo idealista es una viviente afirmación del individualismo, aunque persiga una quimera social; puede vivir para los demás, nunca de los demás. Su independencia es una reacción hostil a todos los dogmáticos. Concibiéndose incesantemente perfectibles, los temperamentos idealistas quieren decir en todos los momentos de su vida, como Don Quijote: "yo sé quién soy". Viven animados de ese afán afirmativo. En sus ideales cifran su ventura suprema y su perpetua desdicha. En ellos caldean la pasión, que anima su fe; esta, al estrellarse contra la realidad social, puede parecer desprecio, aislamiento, misantropía: la clásica "torre de marfil" reprochada a cuantos se erizan al contacto de los obtusos. Diríase que de ellos dejó escrita una eterna imagen Teresa de Ávila: "Gusanos de seda somos, gusanillos que hilamos la seda de nuestras vidas y en el capullito de la seda nos encerramos para que el gusano muera y del capullo salga volando la mariposa". Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal; el pensamiento sin calor es muerte, frío, carece de estilo, no tiene firma.
Jamás fueron tibios los genios y los héroes. Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio; como para dar una lección de dignidad hay que desgoznar algún servilismo. Todo ideal es, instintivamente, extremo; debe serlo a sabiendas, si es menester, pues pronto se rebaja al refractarse en la mediocridad de los más. Frente a los hipócritas que usurpan poderes civiles y mienten con viles objetivos, la exageración de los idealistas es, apenas, una verdad apasionada. La pasión es su atributo necesario, aun cuando parezca desviar de la verdad; lleva a la hipérbole, al error mismo; a la mentira nunca. Ningún ideal es falso para quien lo profesa: lo cree verdadero y coopera a su advenimiento, con fe, con desinterés. El sabio busca la Verdad por buscarla y goza arrancando a la naturaleza secretos para él inútiles o peligrosos. Y el artista busca también la suya, porque la Belleza es una verdad animada por la imaginación, más que por la experiencia. Y el moralista la persigue en el Bien, que es una recta lealtad de la conducta para consigo mismo y para con los demás. Tener un ideal es servir a su propia Verdad Siempre. Algunos ideales se revelan como pasión combativa y otros como pertinaz obsesión; de igual manera distínguense dos tipos de idealistas, según predomine en ellos el corazón o el cerebro. El idealismo sentimental es romántico: la imaginación no es inhibida por la crítica y los ideales viven de sentimiento. En el idealismo experimental los ritmos afectivos son encarrilados por la experiencia y la crítica coordina la imaginación: los ideales tórnanse reflexivos y serenos. Corresponde el uno a la juventud y el otro a la madurez. El primero es adolescente, crece, puja y lucha; el segundo es adulto, se fija, resiste, vence.
El idealista perfecto sería romántico a los veinte años y estoico a los cincuenta; es tan anormal el estoicismo en la juventud como el romanticismo en la edad madura. Lo que al principio enciende su pasión, debe cristalizarse después en suprema dignidad: ésa es la lógica de su temperamento. Sin embargo lo que si hay es mucha mediocridad. La mediocridad puede definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: "Juntad mil genios en un Concilio y tendréis el alma de un mediocre". Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas.El régimén actual, la monarquía cainista, ha conseguido una vez más, a través de sus ladrones politicos, que los españoles sean mediocres y que todo destello de genialidad sea enterrado en el desprecio. El régimen es miedoso,cobarde y hurtador, teme por su continuidad, pues sabe que se ha llevado mucho y no ha ofrecido nada. Qué se puede esperar de un monarca que dice:"El recuerdo de Franco constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad ...". Seguid votando, idealistas.
J.I.
"El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo
porque todo el mundo cree poseerlo en cantidad suficiente." René Descartes.

LIBERTAD

-La filosofia de la libertad esta basada en la propiedad de uno mismo, esta simple pero elegante y contundente animacion la explicara exactamente. Esta es una gran herramienta que cualquiera puede usar para educar niños y adultos acerca del derecho a la vida, libertad y la capacidad de crear - y nuestra responsabilidad para pensar, hablar y actuar. La version en DVD de este video puede ser descargada gratis en: www.philosophyofliberty.blogspot.com CRÉDITOS AUTOR: Ken Schoolland schoolak001@hawaii.rr.com PRODUCTOR: Kerry Pearson (aka Lux Lucre) MÚSICA: Music2Hues www.music2hues.com WEBSITE: www.jonathangullible.com AYUDA: The Jonathan Gullible fund www.isil.org/tools/jonathan-gullible.html COPYRIGHT: www.creativecommons.org/licenses/by-nd-nc/1.0/ *

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Somos como somos dependiendo de donde estamos.





Diversos experimentos psicológicos empiezan a demostrar que esto no es así. Que los múltiples rasgos de nuestra personalidad se manifiestan de manera caprichosa y hasta contradictoria. Y que generalmente lo que más influye en estos cambios repentinos en nosotros mismos no es otra cosa que nuestro entorno.

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7 Leyes Espirituales del Éxito



El pasado domingo dejamos las 10 claves vitales de Deepak Chopra pero no hablamos de él. Chopra (1946-...) es un médico y escritor hindú que ha escrito sobre espiritualidad y el poder de la mente en la curación médica (en ello consiste la Psiconeuroinmunobiología: que establece una profunda conexión entre los procesos psicológicos, el pensamiento, el sistema nervioso y la biología).

Chopra bebe de las enseñanzas de escrituras tradicionales indias como el Ayurveda, corriente tradicional de la medicina india, los Vedānta y el Bhagavad Gita, pero también por la física cuántica.

Aquí hemos hablado alguna vez de la Física Cuántica (la física de las posibilidades), y de la película ¿"Y tú que sabes?" ("What the Bleep Do We Know?", 2004). También hemos hablado de la película-documental "El Secreto: la Ley de la Atracción" (2006) que es posterior y es una versión adaptada al público en general pero que está basada en los principios de la física cuántica.

En 1994, la revista Forbes califico a Chopra como "el último de una serie de gurúes que han prosperado combinando ciencia pop, psicología pop e hinduismo pop". El término Pop hace referencia a la popularidad e interes que han despertado sus reflexiones. En 1999 la revista Time también lo describió como el “poeta-profeta de la medicina alternativa”.

Para Deepak Chopra una existencia plena se basa en las 7 leyes espirituales del éxito, entendiendo éxito como felicidad y no con otros significados que a menudo se le dan. Las 7 Leyes son:

1. Ley de la potencialidad pura.
2. Ley de dar y recibir.
3. Ley del karma (o acción).
4. Ley del mínimo esfuerzo.
5. Ley de la intención y deseo.
6. Ley del desapego.
7. Ley del dharma (o propósito de vida).

Os dejo el video (7 partes) donde se explica de manera pausada cada una de estas Leyes. El total son cerca de una hora, pero como decía un anuncio de la DGT "es mejor perder un minuto de la vida que la vida en un minuto"; aquí diríamos es mejor perder una hora para encontrar lo que se busca que perder toda una vida buscando lo que no se va a encontrar. En esas 7 leyes están todos los secretos de la existencia y de que estemos conectados (alineados o en armonía) con el Universo. Si no tienes tiempo, déjalo para más tarde, pero no dejes de verlo.

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A los nacidos antes de 1975

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Asignatura pendiente: gestión de emociones


El pasado 25 de enero, La Contra de La Vanguardia recogía una entrevista a Elsa Punset que tiene muchas reflexiones interesantes. Merece la pena leerla. Me quedo con dos ideas:
 'La ciencia habla de lo que sabe pero no puede hablarnos de lo que no sabe'; 
y también: 
'A vosotros os entierran a los 80 años pero morís a los 20'.


Reproduzco la entrevista:


Soy hija del ´baby boom´ de los 60. Nací en Londres, me crié en EE. UU., Haití, Madrid... y vivo en Londres. Tengo dos hijas pequeñas. Máster en Humanidades por Oxford, me dedico a la pedagogía de la gestión emocional. Soy adogmática. Me permito sentir el misterio.
¿Vivió en Haití?
Siendo niña, sí. Por eso sé que en Europa vivimos de espaldas a los riesgos que allí amenazan las vidas: allí viven intensamente, aquí vivimos anestesiados.
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s2t2 -Arturo Pérez Reverte - "En España nos faltó la guillotina"

Edición impresa

Arturo Pérez Reverte

"En España nos faltó la guillotina"





  • 26/02/2010 )
  •       
     

Antes de que trescientos mil ejemplares de El asedio (Alfaguara) tomen el próximo miércoles las librerías de España, Arturo Pérez-Reverte se fue a navegar solo, “nada, fui a Ibiza y volví”, para pertrecharse de la soledad y los silencios que le van a faltar en la vorágine de promoción en la que ya está metido. Ha trabajado duro dos años, dice este marino lector “que ocasionalmente escribe novelas”. Dos años de ensamblaje, después de tanto ir y venir, y leer, y pisar Cádiz. Cuenta Pérez-Reverte que El asedio es una novela moderna con personajes y sucesos de dos siglos atrás. Con esa vehemencia imposible que se gasta, cuenta, como verán, muchas más cosas. El Cultural publica hoy en exclusiva un capítulo de la novela
Ha escrito Pérez-Reverte una novela con todos los palos de su baraja y los triunfos que viene acumulando de sus partidas anteriores. El asedio es una novela de misterio, de mar, de amor, de política, de ciencia y de historia de España, por decirlo a la velocidad con la que Arturo habla. Es el relato de un gran fracaso. La historia de un mundo que se acaba y otro que no llega a nacer. Poblada de personajes con vidas derrotadas, entre los que destaca esa Lolita Palma que bien pudiera ser una Jane Austen enamorada del Cayetano Rivera de la época. Comerciantes avispados, artilleros franceses, jovencitas asesinadas, corsarios, policías corruptos y mucha pólvora completan la escena. Ya se sabe que en las novelas de Pérez-Reverte pasan muchas cosas. Estamos en la Cádiz de 1811. 

- ¡Qué Cádiz! ¿Era, efectivamente, la ciudad más liberal de Europa?


- Lo era, lo era. Pero esta novela podía haberla situado en Troya, en el Leningrado cercado por los nazis, en el Madrid de 1936 o en el Sarajevo del 92. El problema que se plantea es un conflicto moderno. Pero Cádiz me daba unas características especiales: es una ciudad sometida a los vientos, con una topografía muy definida que no ha cambiado apenas en dos siglos: pones un mapa de hoy sobre un mapa del siglo XVIII y coincide casi exactamente. Todo eso me permitía moverme por ella con mucha seguridad. Es decir, Cádiz tiene esos elementos climatológicos, urbanos, arquitectónicos y geométricos que se adecuaban a mi historia. 



"Lo que España tenía que haber sido y no fue"

-Además preparaba una constitución... Históricamente vivía una etapa importante...


- Sí, pero yo no quería contar eso. Eso ya lo contó Galdós y lo contó muy bien, y lo contó Ramón Solís, en 
Un siglo llama a la puerta, también muy bien. Yo no quería reescribir una novela histórica sobre Cádiz. Habría sido estéril, absurdo... Yo quería escribir mi novela, y que pasara en Cádiz. Una Cádiz que fue el ejemplo de la España que pudo ser y no fue. Donde la aristocracia no era de nobles, ni siquiera de dinero, sino de comerciantes, una aristocracia moderna, comparable a la Inglaterra o la Holanda de entonces, y con una clase dirigente abierta, liberal, que viajaba, que hablaba idiomas, donde la religión no era un elemento determinante, donde la política estaba supeditaba a la economía, y no al revés. 

- Y era ese mar, lleno de comerciantes y corsarios, de intrigas, contrabandistas y asesinos el que lo hacía posible, ¿no?


- Sí, claro, ese continuo contacto con la civilización, con la cultura, con el comercio, con la guerra, con lo que venía de fuera, tanto libros como periódicos. Su relación ultramarina con las colonias de América hacía de Cádiz una ciudad especial, que no tenía nada que ver con el resto de España. España era entonces un lugar cerrado, oscuro, donde estaban los curas, los reyes, los ministros, y la aristocracia corrupta y acabada, mientras que Cádiz era moderna, abierta, y era el mar, sí, el que la hacía posible. ¡Me entristecía tanto pensar, mientras manejaba toda esa documentación de la época, lo que Cádiz era, lo que España tenía que haber sido y que no fue por nuestra estupidez de siempre...! 



España es un país históricamente enfermo.

- Cádiz como metáfora de la gran ocasión perdida. ¿Por qué se truncó la historia?


- Porque España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia: desde Indíbil y Mandonio, los Austrias, la Ilustración... Hasta ahora mismo... Mira cómo nos estamos cargando la democracia. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. Quisieron hacer una constitución radical de la noche a la mañana, y eso era imposible. La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza... cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante. 

- ¿Hasta qué punto 
El asedio es una especie de balance, de fin de ciclo como escritor, después de estos veinte últimos años?


- Sí, lo es. Quería escribir una novela en la que de alguna manera estuvieran todas mis novelas anteriores y cupieran en ella todos mis lectores; no una novela total, que me parece una palabra pedante, pero sí lo bastante amplia como para que cualquier lector de mis distintas novelas tuviera un eco de las otras; una novela, si quieres, de madurez, con todos mis trucos, mi experiencia.... 

- Y su memoria, su memoria histórica particular...


- Sí, al fondo está España, como siempre. Más diluida que en 
Un día de cóleraTrafalgar o Alatriste, indudablemente. Pero no es una novela didáctica. Yo no quería contarle al lector lo que era España entonces, sino mover a mis personajes por esa España, de manera que al lector, mientras los acompaña, se le esté quedando pegada casi sin darse cuenta cómo era aquella España y ese mundo fascinante. 



La memoria analfabeta es muy peligrosa.

Pérez-Reverte se embala. No es que le duela España, es que le indigna su incultura, su falta de espíritu crítico. Se revuelve porque, dice, un país inculto no tiene mecanismos de defensa, y “España es un país gozosamente inculto”. Tiene el escritor en la punta de los dedos las batallas, los hombres, las tragedias que han hecho la historia para apuntalar sus argumentos. 


- Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio. Del año 36 al 39 y la represión posterior sólo se explican con el Cid, con los Reyes Católicos, con la conquista de América, con Cádiz... Separar eso, atribuir los males de un periodo a cuatro fascistas y dos generales es desvincular la explicación y hacerla imposible. Que un político analfabeto, sea del partido que sea, que no ha leído un libro en su vida, me hable de memoria histórica porque le contó su abuelo algo, no me vale para nada. Yo quiero a alguien culto que me diga que el 36 se explica en Asturias, y se explica en la I República, y se explica en el liberalismo y en el conservadurismo del XIX... Porque el español es históricamente un hijo de puta, ¿comprendes? 

- Hombre, Arturo...


- Sí, el español es históricamente un hijo de puta, pero para comprenderlo, para aceptarlo, para quererlo, con lo bueno y lo malo -ahí está también su generosidad, su capacidad de olvidar y de perdonar, de empezar de nuevo- hace falta conocer sus tres mil años de desarrollo y no un pequeño periodo en el cual por sí solo no explica nada.... Me parece muy bien la Ley de Memoria Histórica, pero necesita tener una letra pequeña, un apéndice que la contextualice... Yo soy de Cartagena, y en Cartagena, que era zona roja, hubo de todo, hubo represión brutal de los milicianos y represión brutal de los falangistas. Y a mí, cuando era pequeño, me contaron las dos represiones, las dos; por eso, hablar de unos buenos y otros malos a estas alturas... Cualquiera que haya leído historia de España sabe que aquí todos hemos sido igual de hijos de puta, TODOS.



 “¡No me cuentes historias!”
- No sé si sólo es cuestión de incultura...
- Si este país no fuese un país analfabeto, cuando a la gente le dicen: estos son los buenos y estos los malos, diría, ¡no me cuentes historias, que yo sé muy bien de qué estamos hablando, que yo he leído, que sé que no, que sé que los carlistas, y sé que los isabelinos, y sé que Fernando VII y sé que la Constitución, y sé que los nacionales, y los rojos, y sé que los socialistas, y sé que los comunistas... Que yo sé! El problema es que España es un país inculto, España es un país gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto, que hace ya mucho tiempo que alardea de ser inculto, y con gente así, esa Ley de Memoria Histórica es ponerle una pistola en la mano. No estamos preparados para leyes como ésas. 

“¿Sabes realmente cuál es mi lamento histórico? Es que aquí nos faltó una guillotina al final del siglo XVIII. El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas... y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza. Nos faltó eso, pasar por la cuchilla a media España para hacer libre a la otra media. Eso lo hemos hecho luego, hemos fusilado tarde y mal, y no ha servido de nada. El momento histórico era ése, el final del XVIII. Las cabezas de Carlos IV y de Fernando VII en un cesto, y de paso las de algunos obispos y unos cuantos más, habrían cambiado mucho, y para bien, la Historia de España. Nadie lo hizo, perdimos la ocasión, y aquí seguimos todavía, arrastrando ese lastre que nos dejaron aquellos que sobrevivieron y que no tenían que haber sobrevivido”. 

Se acerca un lector devoto, ignorante de la gravedad de la situación, preguntando por su próxima novela. Otro, más tarde, le pide que le firme 
Cuando éramos honrados mercenarios, que lleva en su mochila. Al escritor le ruborizan los elogios y quiere que termine la escena vaporosa lo antes posible. Aparece el gran tímido que lleva dentro, tan alejado del bravucón que se mete en mil batallas. “Estas muestras de afecto me hacen sentirme mal, sentirme responsable, yo sólo soy un tipo que escribe, que mete mensajes en una botella sin esperar retorno”. 



Ajuste de cuentas con el mundo

Siempre he creído que Pérez-Reverte habla como sus rudos personajes, pero que es él quien se parece a ellos, y no al revés. “La literatura -dice- es como el alcohol: nadie pone lo que no tiene. O lo robas, o lo tienes. Y a mis personajes los he hecho yo. No he bebido en fuentes documentales solamente. Es mi propia mirada sobre el mundo la que vierto en los libros. En ellos está mi sentido de la amistad, de la vida, de la muerte, de la lealtad. Creo que soy un escritor coherente”. 

-Esa fama tan cimentada que lo acompaña, fama de independiente y libre, también de cierta chulería...


- ¿Y qué tiene de malo eso? 


- ...fama de hombre herido...


- Herido no... ¿por qué? Bueno, acaba la pregunta... 

- ...de estar en un continuo ajuste de cuentas con el mundo.


- Es que a mí el mundo que he visto no me gusta. Sí, es verdad, estoy herido por el mundo. Mi vida ha sido una sucesión de haitís... Y de Haití es tan culpable el azar como la estupidez de los hombres... y en mi vida, en mis artículos y en mis libros intento ajustar cuentas con el uno y con el otro. Porque a mí me han hecho los libros que he leído y las cosas que he visto. Y los libros me han servido para digerir e interpretar las cosas que he visto. Sin los libros no habría podido sobrevivir personalmente a muchas de esas tragedias que he visto, a Sarajevo del 92, al Beirut del 76, a Eritrea del 77. Esa colección de fotos, de fantasmas, de haitís que tengo en la memoria, sin esos libros como analgésico, como clave, me habría sublevado, estaría disparando contra la gente. Los libros me han dado cordura. Me han hecho digerir lo indigerible. Sin todos esos libros, estaría perturbado seriamente, sería una persona muy desagradable. 



Todo Titanic tiene su iceberg

-Las cosas parece que han cambiado poco desde su 
Territorio Comanche de hace 20 años.


-El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradisíacos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan... es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar así, pero los viejos lo sabían y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sabían, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y oímos: “¡Que me saquen de aquí!... ¡Que el gobierno intervenga!...” Pero, gilipollas, ¿por qué te has metido? 

“El mundo es un sitio muy duro, sí”, remata el escritor, y continúa: “Pero, escúchame una cosa: cualquier médico de urgencias de un hospital, cualquier penalista que se pasea por la cárcel, cualquier chica que trabaje con marginados conocen la dureza del mundo. No hace falta ir a la guerra... Esto que tenemos aquí, en Occidente, es la excepción, el mundo real es aquello. Y ya no estamos preparados para defendernos frente al mundo." 



Un trabajo, no un don divino

-Hace tiempo le oí decir que nunca pertenecería al mundo hipócrita, falso, lleno de envidias que es el mundo literario. “Prefiero -recuerdo que decía- estar fuera de todo esto y estoy muy feliz de no deber nada a nadie, en el terreno literario”.
- Ya ves que he sido coherente, que han pasado los años y he seguido mi camino. No debo nada, no, pero por eso no me creo mejor que nadie. Simplemente, no pertenezco a ese mundo; no voy a veladas literarias, ni a Hay festivales, ni a la Feria del libro (aunque a lo mejor este año voy). Me mantengo fuera. ¿Por qué? Porque no lo necesito. No veo que haya relación entre dar un ciclo de conferencias sobre la literatura del próximo milenio y escribir novelas. Y yo escribo novelas. Y trabajo todos los días y lo mejor que puedo. Esto es un trabajo, no un don divino. No soy un artista. Tengo una obligación moral conmigo mismo y con la gente que me lee. Tengo que concentrarme en eso y no ir por ahí teorizando sobre literatura, que me importa un carajo.

- Si, pero ahora es usted académico.


-Ya, pero eso no lo pedí. ¿Quién iba a rechazar ese honor? Estoy encantado, además. Estar entre gente sabia es un privilegio. Dice Javier Marías que la Academia es lo más parecido a un club inglés que ha visto en su vida. Pero no, no es un club, es algo abierto al mundo, a América; es un lugar de trabajo interesantísimo. Formar parte de ese grupo es un honor inmenso. 

- ¿Lee los libros de otros colegas, o sólo libros de Historia?
-(Silencio largo, largo) Es evidente que algunos leo. Leo los libros de mis amigos. Leo poco, pero poco por dos razones: primero, porque tengo 58 años y me queda un tiempo limitado. Y prefiero leer historia, o clásicos griegos y latinos, que es lo que me gusta. Ya no leo prácticamente novela, pero releer a Montaigne, a Virgilio, a Suetonio, a Plutarco... eso sí me alimenta, me es útil. Yo voy cambiando, así que siempre me resulta una lectura diferente. 

En el making-of de la entrevista se han quedado algunas curiosidades del escritor. Ahí van éstas: “Desde hace 25 años veo dos películas diarias en mi casa”... “De esta novela no sale una película, es demasiado compleja”... “Antes de tener éxito con mis libros, yo era igual de chulo”... “Sé que hay gente que mataría por mí y otra que no me soporta”... “No creas, yo también tengo mis ternuras”... 

Y alguna perla más.
 
Blanca BERASATEGU
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La vergüenza del burka

La vergüenza del burka: "
El gobierno francés está dispuesto a eliminar el burka en los lugares públicos con multas de hasta 750 euros. La opinión de HdH respecto al burka es que lo considero denigrante, humillante, vergonzoso… (podéis añadir todos los calificativos que se os ocurran).


Colaboración del humorista gráfico José Julio, podéis ver más trabajos en Siglo XXI
"
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Borges y la ignorancia - ElConfidencial.com

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y2a -Un campesino, su caballo y su perro

"Se comenta que hace mucho tiempo un campesino, su caballo y su perro caminaban lentamente por una calle polvorienta. Después de un largo recorrido el hombre se “dio cuenta” de que los tres habían muerto en accidente.

Todos sentían la fatiga por la extensa travesía realizada cuesta arriba, y estaban sedientos. Quiso el destino que en una curva muy iluminada encontraran un portón de mármol que permitía ver una fuente de donde brotaba agua fresca y cristalina.

El caminante se dirigió al guardia que cuidaba la entrada y con su garganta secan dijo:

– 
¡Qué hermoso lugar! ¿A dónde hemos llegado, amigo?
– 
Esto es el cielo, respondió el portero.

– 
¡Qué suerte! –exclamó el visitante–. Tenemos mucha sed, ¿podemos pasar?
– Usted puede entrar y beber a su gusto, indicó el cuidador señalando a la fuente.

– 
También mi caballo y mi perro necesitan agua urgente, agregó el labriego.

– 
Lo lamento mucho. Aquí no se permite la entrada de animales, concluyó el guardián.

El hombre se sintió muy desafortunado. Realmente tenía mucha sed. Sin embargo, alcanzó “darse cuenta” que no podía abandonar a sus amigos. Era incapaz de salvarse solo, dejando a sus acompañantes sin ayuda. Decidió no beber y seguir la marcha junto a sus compañeros.

Con la sensación dolorosa que le proporcionaba su sed y la enorme fatiga, llegaron al rato a un nuevo sitio. Aquí la puerta estaba semiabierta y permitía ver un sendero bordeado de flores y buena sombra. Un hombre se encontraba recostado, como dormitando, son un sombrero inclinado sobre los ojos.

– 
Buen día, saludó el caminante. Estamos con mucha sed; mi caballo, mi perro y yo hemos hecho una larga travesía.
– 
Buenos días, devolvió el saludo solícito el hombre sacándose el sombrero. Hay una fuente en aquellas piedras, el agua es excelente y pueden beber a voluntad.
Los tres saciaron sus necesidades y al retirarse el hombre agradeció:

– 
Muchas gracias. ¡Qué bien nos sentimos, parece nuestra casa!
– 
Por favor, vengan cuando quieran.
– A propósito, ¿cuál es el nombre de este lugar?
– 
Cielo.
– 
¿Cielo? Pero si el guarda del portón de mármol me dijo lo mismo.
– 
No amigo, aquello es el infierno.
– 
Sin embargo, esta información falsa debe estar creando serios problemas de comunicación entre los visitantes, terribles confusiones.
 Todo lo contrario, le explicó el hombre. El infierno nos hace un gran favor. Allá quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus amigos por salvarse."
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y2a -¿Cómo se diría «hijoputa» en Inglaterra?

¿Cómo se diría «hijoputa» en Inglaterra?: "
En otras ocasiones hemos hablado de cómo influyen las diferencias culturales en las relaciones personales y en el mundo de los negocios (ver posts: 'El dilema del peatón' y 'Diferencias culturales: el Second Act') y hemos citado y recomendado el libro 'Riding the waves of culture. Understanding cultural diversity in business' de Fons Trompenaars. Ayer mismo, incluso, con el Director Comercial de LID Editorial, Pedro García-Romeral, charlábamos sobre esta misma cuestión.

Tengo buenos amigos británicos, y lo mejor, algunos de ellos con doble nacionalidad que comprenden lo que pasa por la mente británica y española al mismo tiempo. Es muy interesante analizar cómo afectan las diferencias culturales a las relaciones personales. De hecho, como en una ocasión me contaba la antigua embajadora del Reino Unido en España, Denise Holt, 'lo más complicado para mí es conseguir que dos culturas fuertes, independientes y con largas historias a sus espaldas se entiendan. Actuar como intérprete de dos sistemas: el británico y el español'. Un embajador, en definitiva, debe ser correa de transmisión de mensajes y noticias adaptándolas a cada cultura para que no den lugar a malentendidos y conflictos.

Hoy mismo un buen amigo, con doble nacionalidad (british y española) me hacía llegar un artículo publicado en el ABC el pasado día 6 de febrero y firmado por Tristan Garel-Jones con el siguiente título: '¿Cómo se diría «hijoputa en Inglaterra»?'. Lo reproduzco, no tiene desperdicio:

'Tengo la gran fortuna de vivir con un pie en España y un pie en el Reino Unido. En general puedo afirmar que casi todo lo que es malo en Inglaterra es positivo en España. Y viceversa. Los contrastes culturales, además, enriquecen y amplían horizontes. Por ejemplo, hace unos días quise bajar de mi coche en una calle madrileña para sacar dinero de un cajero automático. No había un solo sitio para aparcar. Vi una vigilante de coches: «Señorita, le importaría que me baje un momentito del coche para sacar dinero del cajero allí en la esquina, son dos minutos». «No se preocupe, señor. Yo le vigilo el coche». En Londres con sólo preguntar, ¡te ponen una multa de cien libras!

El nivel de paro que padece España en este momento supondría motines callejeros en Inglaterra. Muchas veces me preguntan ¿cómo aguantan los españoles estos niveles de desempleo? Pienso que una de las razones puede ser que en España todavía existen apoyos familiares superiores a los de mi país. Aquí todavía hay mucha gente que habla de su pueblo y conozco ejemplos de personas jóvenes que se han quedado sin trabajo y han vuelto al pueblo donde o bien sus padres o sus abuelos pueden ofrecer una protección, un apoyo e incluso la posibilidad de ayudar en algunas tareas de campo. Estos apoyos están muy diluidos en Inglaterra. Nadie habla de su pueblo. Esa válvula de escape que es la familia apenas existe en Inglaterra. De ahí que el líder del partido Conservador David Cameron se refiera a la sociedad inglesa como «una sociedad rota».

He seguido con interés la polémica sobre el «soit disant» insulto proferido por Esperanza Aguirre hacia una persona no identificada. No me parece tan grave. Es más, la indignación que se refleja en muchos medios alcanza niveles de hipocresía casi británicos. Uno de los contrastes más interesantes entre ingleses y españoles es precisamente entre la hipocresía británica y la manera directa, brutal, en que se expresan los españoles.

«Do you really think so?» traducido al español es «No seas gilipollas». «Thank you SO much» según el tono puede traducirse como «Váyase usted a la mierda». En nuestro Parlamento la frase «The Right Honorouble and learned Gentleman is, if I may say so, no doubt unintentionally, misleading the House» sería en las Cortes «El señor diputado está mintiendo». Nuestra prensa también participa en esta hipocresía institucional. Si por algún motivo tienen necesidad, (solamente por reflejar lo dicho por algún mal educado) de emplear las «four letter words» (es decir «joder» o «coño») siempre lo imprimen como «f--k» o «c--t».

España no es así. Me acuerdo de ver una vez cómo se sacaba una imagen de la Virgen María por el portal de una iglesia. Un hombre dirigía la delicada operación mientras los costaleros maniobraban la estatua por la puerta, «¡Baja, coño, que vais a joder a la Virgen!». Los ingleses han elevado la hipocresía lingüística a nivel de un arte. Los españoles se expresan de una manera más directa.

Personalmente no me choca ni una ni otra. Lo que me daría pena sería que los españoles empezasen a caer en la hipocresía británica y los británicos en la brutalidad española. ¿Qué queremos? Que Esperanza diga «I must say I do think he´s a bit of a so and so». Todos los políticos tienen enemigos (¡normalmente dentro de su partido!) y a quienes la critican por hablar como una española, yo les digo de la manera más directa que permite la lengua inglesa en letra impresa: «F--K OFF!».
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s2t2 -Pregunto; luego existo. Una reflexión de Marcial Losada


Pregunto; luego existo. Una reflexión de Marcial Losada

http://thumbs.dreamstime.com/thumb_352/12315422074KEOb5.jpgMarcial Losada, de cuyo poderoso trabajo me he referido en varias oportunidades,  me ha enviado unas reflexiones y he obtenido su autorización para publicarlo en este blog.
Como siempre, Marcial no se refiere a un deber ser o una técnica, sino que liga su pregunta al tipo de vida que queremos tener, una vida que languidece, o una que florece, y desde su reflexión basada en su modelo, nos entrega prácticas orientaciones para vivir una vida en que podamos florecer
Espero que disfruten su lectura como yo lo he hecho
¿Se han fijado lo poco que la gente pregunta? 
Vivimos metidos en nosotros mismos de tal manera que llegamos a creer que nuestros cuentos lo cuentan todo. 


Hace algun tiempo, desarrollé un modelo que indica, entre otras cosas, que la gente que florece equilibra el tener respuestas con el hacer preguntas. Si me quedo en la respuestas, me quedo donde estoy, no aprendo nada nuevo. Por otro lado, si sólo hago preguntas, nadie se entera de lo que pienso y aunque puedo aprender mucho, mi conocimiento se pierde en mi mismo. 


Pero la condición que nos mantiene encadenados no es el tener un exceso de preguntas, sino el tener demasiadas malas respuestas. Digo “malas” porque las respuestas sin preguntas son como una planta sin agua; al final se marchita y muere. De hecho, he llamado esta condición el “languidecer”. Las estadisticas muestran que la mayoría de nosotros está languideciendo. Sólo una persona en cinco florece. 
Los que florecen no sólo equilibran el indagar con el persuadir, sino que también son capaces de tomar tanto en cuenta las necesidades de los demás como las propias. Viven de acuerdo a la norma universal: “ama al prójimo como a ti mismo”. Ahora sabemos que esta norma está apoyada por la ciencia. No era sólo un buen consejo, era un dato. 
Los que florecen son capaces de ver al menos tres cosas que estan bien en las personas con quienes se relacionan por cada una que está mal. No solo ven tres buenas por cada mala, sino que además son capaces de comunicar a los demás lo bueno que ven en ellos y también denotar lo que no está bien. 
¿Cuantos de nosotros se traga lo que vemos de bueno en los demás? Hasta me atrevería a decir que parece ser un mal endémico de los chilenos, pero lo he visto en tantas otras partes que tal vez sea una condición de la humanidad. 
Mi amigo, el filósofo finlandés Esa Saarinen, habla del “holding back”, del “retener”.  No es saludable el retener lo que no nos pertenece. Lo bueno de los demás no es sólo para ser visto, sino para ser compartido. Piensen como este mundo cambiaría si dejáramos de retener. Y lo mejor es que puedo empezar mañana mismo. No necesito ni terapia ni coaching.
 También los que florecen tienen mayor facilidad para conectarse con los demás. O mejor dicho; los que se conectan con los demás tienen mas chance de florecer. Es difícil florecer solo. Alguien tiene que notar mi existencia, preocuparse de mi, acariciarme. Yo necesito también alguien a mi lado, alguien a quien contarle lo que pasa, alguien al que pueda tocar en el silencio. 
Le preguntaron una vez a un pianista famoso qué lo diferenciaba de los demás pianistas. El dijo: “Todos tocamos las mismas notas, pero no hacemos los mismos silencios.” El silencio es elocuente, especialmente si se acompaña de un abrazo.


 Languidecer es un modo de no existir, por eso he titulado estos pensamientos “pregunto, luego existo”, porque al empezar a preguntar abro la primera ventana de la oscura prisión donde yo, tal vez sin quererlo, me encerré a mi mismo. Es muy simple: para hacer buenas preguntas no tengo que tratar de lucirme, sino de dejar lucirse a los demás.


Gracias Marcial por estas iluminadoras y prácticas reflexiones
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Schadenfreude:



Schadenfreude

Un compañero de trabajo me habló ayer a mediodía, mientras íbamos a almorzar con otros amigos, una construcción verbal inquietante que tiene su origen en la lengua alemana y que se utiliza en Estados Unidos, sobre todo en el ámbito político. Schadenfreude. Significa Alegría por el Mal Ajeno. Los norteamericanos no lo han traducido, lo dicen así: Schadenfreude. Allí se utiliza para nombrar la inquina que se produce tantas veces en los territorios de la política. Obviamente, sirve para la vida entera. Desear el mal ajeno no es exclusivo de la política o del fútbol, donde parece hasta legítimo. Se practica en el ambiente literario, en los medios de comunicación, en las universidades, en las empresas, hasta en las familias. Y se manifiesta con distintos sentimientos: la envidia, el odio, el rencor; sirve para tachar o para eliminar, y apela a los peores sentimientos que anidan en el pozo, y en el poso, del ser humano. Alguna vez lo he escrito aquí: esta Schadenfreude forma parte de la naturaleza, para eliminarla, si se puede, o para atenuarla, que se debe, debemos hacer una gimnasia cotidiana, porque la Schadenfreude es como ese colesterol malo que sólo se manifiesta cuando ya es irremediable y quema en la lengua hasta resultar insoportable también para aquel que sufre la enfermedad. No conozco una construcción similar en español, acaso los norteamericanos tampoco la tenían y se han quedado con esta expresión que les sirve para designar lo peor del ánimo propio con respecto a la vida, la hacienda o la esperanza de los otros.
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y2a - Algunas diferencias fundamentales entre la fe en la ciencia y la fe en la religión


Algunas diferencias fundamentales entre la fe en la ciencia y la fe en la religión

from Genciencia 

A rebufo de los candentes comentarios que ha generado el artículo Las células madre y la fe religiosa, vamos a bucear de nuevo en el libro de Sam HarrisEl fin de la fe, con objeto de aclarar algunos conceptos acerca de la naturaleza de la fe en la ciencia y la fe en la religión.
Antes, sin embargo, aclarar un punto que me parece fundamental. Cuando se habla de ciencia o de religión, no se menciona al científico o al religioso. Habrá científicos buenos, malos, dogmáticos, razonables y demás epítetos, como los hay entre los religiosos o los que profesan una fe irracional.
Así pues, lo que se pone de relieve en realidad es el sistema en sí y sus defectos estructurales, no los usos o los errores que han arrostrado sus fieles, tanto de la ciencia como de la religión.

Esta distinción es importante, porque si la ciencia comete errores, a mi parecer, no es por la ciencia en sí sino por su mala praxis. Por el contrario, la religión, sea o no buena sus praxis, parte de unos pilares estructurales que, a día de hoy, resultan netamente nocivos para la razón, el progreso y hasta me atrevería a decir que la felicidad.
Vamos a esas diferencias estructurales.
¿Qué debemos creer? No nos engañemos, la mayor parte de lo que creemos del mundo lo creemos porque nos lo han dicho otras personas. Confiamos en la autoridad de los expertos y en el testimonio de la gente corriente.
Una persona que sólo afirmara saber lo que ha obtenido por vía sensorial o teórica directa apenas sabría nada. ¿Cómo sabes que si te tiras de un quinto piso probablemente morirás? A no ser que hayamos visto morir a alguien así, sólo asumirías esa creencia aceptado lo que te dicen otros.
Así funcionan las cosas, nos guste o no. Pero de ello no se deriva que todas las formas de autoridad sean válidas, ni que todas las autoridades en algo sean siempre fiables.
Imaginemos dos supuestos. En el primero, un biólogo afirma en la televisión que el ADN es la base molecular de la reproducción sexual. En el segundo, el Papa dice que Jesús nació de una virgen y que su cuerpo resucitó después de muerto; si crees eso, irás al cielo después de muerto, y si no lo crees, irás al infierno.
Vayamos a la primera proposición. La ciencia no se funda en verdades inmutables, como ya nos dijo Karl Popper, sino que se autorevisan continuamente. No hay forma de saber cuántas de las actuales teorías resultarán erróneas en el día de mañana. Así pues, ¿cuánta fe hemos de depositar en lo que nos diga la ciencia?
La ciencia es ciencia porque representa nuestro esfuerzo constante de verificar que nuestras afirmaciones sobre el mundo son certeras (o al menos no falsas). Hacemos eso observando y experimentando dentro del contexto de una teoría. Decir que una teoría científica concreta puede estar equivocada no implica decir que pueda estar equivocada en todos sus elementos, ni que cualquier otra teoría tenga las mismas posibilidades de ser acertada.
Tras los resultados obtenidos en estos últimos 50 años, las posibilidades de que el ADN no sea la base de la herencia genética son remotas. Disponemos de enormes correlaciones fiables entre el genotipo y el fenotipo (incluyendo los efectos reproducibles de mutaciones genéticas específicas).
Cualquier cambio en la teoría genética debería también alterar el inmenso registro de datos que ahora conforman nuestras afirmaciones sobre biología. Eso no es imposible que ocurra, pero es ciertamente difícil.
En la siguiente entrega de este artículo analizaremos la proposición segunda. La fe en la religión.




Decíamos que una afirmación sobre la naturaleza del ADN es improbable que se descubra como incierta a estas alturas, aunque ello no elimina la posibilidad de que continuemos recabando información y hasta elaboremos críticas cada vez más agudas sobre ella.
Veamos ahora la afirmación del Papa sobre el hecho de que Jesús nació de una virgen y que su cuerpo resucitó después de muerto.
¿La autoridad del Papa es fiable? Millones de personas creen que sí. De hecho, no sólo creen que es fiable, sino que es infalible en todas las cuestiones de fe y moralidad. No importa lo que se descubra acerca de los fundamentos neurobiológicos sobre la moral, la felicidad o el dolor, el Papa seguirán pensando lo mismo y ni siquiera tienen la duda de que se está equivocando.

¿Pero la gente que cree en lo que dice el Papa (o en lo que su tradición judeocristiana le ha inculcado) se equivoca al afirmar que el Papa sabe de lo que habla? Seguramente.
Sabemos que no existe evidencia suficiente para autentificar muchas de las principales creencias del Papa. ¿Cómo puede alguien nacido en el siglo veinte saber que Jesús nació de una virgen? ¿Qué proceso de raciocinio, místico o de otro tipo, nos proporcionará hechos sobre el historial sexual de una mujer de Galilea (hechos que contradicen por completo elementos sobradamente conocidos de la biología humana)?
Todo lo que se pueda afirmar desde el credo religioso sigue una estructura similar. No sólo parte del dogmatismo ideológico y moral, ciego a las nuevas evidencias. El Papa sólo habla de lo que él piensa que es cierto o de lo que la Biblia dice que es cierto. Y ese documento no es justificación suficiente para sus creencias, dado el estándar de evidencia que prevalecía en el momento de su redacción.
Aquí se impone recordar lo que se dijo al principio: no importa si un científico hace el mal con la ciencia, o si un religioso hace el bien con su religión. Lo que importa es que la ciencia no se cree en la posesión de la verdad absoluta, y la religión sí: y eso es malo per se.
La sinrazón religiosa, por ello, sigue siendo una de las principales causas del conflicto armado del mundo. Por eso será un creyente el que se sentirá ofendido profundamente por un artículo que trate de criticar su inflamable inmovilidad religiosa; raramente se ofenderá un científico si me equivoco al escribir una ecuación (como máximo me dirá que no hago bien mi trabajo o que estoy desinformado).
Porque si tus ideas dependen o están influidas por dogmas o por argumentos de autoridad que proceden de una única persona o unos pocos libros presuntamente históricos, es natural tener miedo a aceptar que has estado equivocado todo este tiempo.
Un científico, por el contrario, aplaudirá al que consiga algo así con su teoría. O mejor dicho: el científico reaccionará así o asá, dependiendo de su catadura moral. Será la ciencia la que aplaudirá, y seguirá avanzando a tientas como un niño de curiosidad infinita.
Vía | El fin de la fe de Sam Harris
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